El carpintero vuelve a cobrase su trabajo

El carpintero vuelve a cobrase su trabajo
El carpintero vuelve a cobrarse su trabajo

Después de la visita del carpintero a casa en la que disfrutó de mi mujer después de construir un armario; no volvimos a hablar del tema con Ana.
Yo estaba seguro de que ella sabía que yo estaba seguro de que Marcos la había cogido mejor que nadie, pero ella nunca quiso reconocer nada…
En esos días posteriores comencé a sentir que Anita me rechazaba en las noches, cuando íbamos a la cama y yo me ponía a jugar con ella para después coger. Cada tanto me parecía ver algunas marcas en su cuerpo, pero ella lo justificaba diciendo que eran moretones por golpes en sus clases de gimnasia…

Una noche de viernes regresé muy tarde a casa por cuestiones de trabajo y encontré a Anita en la cama, casi desmayada de sueño y cansancio. Me resultó extraño que solamente estuviera vestida con una diminuta tanga y medias de nylon. Comencé a sospechar que algo extraño había sucedido esa tarde durante mi ausencia. Lo pude confirmar cuando noté que la entrada anal de mi dulce esposa estaba muy dilatada y con marcas frescas de semen. Alguien la había visitado en nuestra propia casa…

A la mañana siguiente decidí encararla y que me contara toda la verdad. Ana comenzó a lloriquear y finalmente confesó que ese hijo de puta del carpintero todavía venía a casa de vez en cuando a sodomizarla…

Me dijo además que estaba loca con la verga de ese tipo, porque era enorme y le provocaba un tremendo placer cada vez que la cogía con ella.
Su cuerpo ya le pertenecía a ese bruto ordinario. Le encantaba la manera en que él la maltrataba, la forma en que la poseía con brutalidad y cómo le rompía el culo sin importarle nada de nada, para dejarla después agotada y con la orden expresa de que no cogiera conmigo…

Más tarde desde mi oficina llame a Marcos por teléfono.
El caradura me saludó como si fuéramos amigos y cuando le dije que yo sabía que se estaba cogiendo a mi esposa, el turro simplemente respondió que Ana ahora era su perra; que era su puta sumisa y lo obedecía en todos sus deseos y que la disfrutaba muchísimo, especialmente cuando le rompía el culo…

Dijo que había decidido por su parte aumentar el precio del armario y que estaba cobrándolo “en especias”. El único privilegio que él podía darme, era permitirme presenciar cómo se cogía a mi delicada esposa. Con un leve hilo de voz acepté su sucia propuesta y entonces sentí estallar una carcajada al otro lado de la línea.

Me dijo que en ese momento estaba yendo para mi casa; así que yo debía apurarme en regresar para no perderme los preliminares…
Cuando llegué a mi casa encontré a Ana vestida solamente con una camiseta ajustada al cuerpo, un short de jean incrustado en su culo y unos zapatos de taco aguja que realzaban sus torneadas piernas. Se sorprendió al verme temprano, pero le dije que había arreglado con Marcos para presenciar todo lo que iba a suceder esa tarde en casa…

Me preguntó si estaba seguro de querer presenciar todo. Me advirtió que el carpintero era muy cruel y la maltrataba mucho cada vez que la cogía. Me hizo prometer que yo no debía intervenir para evitar nada de lo que ese bruto pudiera hacerle…
En ese momento tocaron el timbre. Ana fue a abrir y dejó pasar a Marcos, quien sonrió con sorna al verme, mientras besuqueaba a mi mujer y le manoseaba el culo a voluntad.

De un manotazo le arrancó el short a mi esposa y le metió sin delicadeza un par de dedos entre los labios vaginales. Los sacó manchados y sonrió triunfante, mostrándomelos y diciendo que mi esposa era una puta caliente.
Hizo poner a Anita de rodillas y sacó su verga ya erecta, obligando a mi esposa a que se la chupara. Mientras la miraba a ella, escuchaba la sonrisa del tipo diciéndome que mirara a mi mujer a los ojos.

Tenía razón. Ana estaba ardiendo; sus ojos estaban inyectados de deseo y este era un triunfo más de su macho. De repente la tomó brutalmente por los cabellos y la levantó en vilo, ordenándole que fuera a la habitación.
Entré detrás de él y Ana ya estaba en la cama, a cuatro patas; su hermoso trasero apuntando hacia arriba. Marcos se acercó y separándole los glúteos comenzó a lamer la estrecha entrada anal de mi mujercita.

Me miró sonriendo y preguntó si yo iba a quedarme para ver cómo le rompía el culo a mi esposa. Antes de que pudiera responderle, el hijo de puta se acomodó sobre Anita y se la metió por el culo, sin ninguna delicadeza…
Ana comenzó a sollozar y gemir, gritando que ella era su perra y pidiéndole que se la metiera más a fondo, que le partiera el culo como un verdadero macho.

Estuvo sodomizándola por un buen rato, mientras Ana se debatía entre el dolor y el placer, con esa enorme verga dura enterrada en el culo.
Antes de acabar, Marcos sacó su pija y en un rápido movimiento de sus manos hizo girar a Ana boca arriba. Le abrió las piernas con brutalidad y se acostó sobre ella, penetrando su delicada vagina. Comenzó a taladrarla sin piedad mientras le mordía los pezones erectos y le daba cachetazos en a cara, diciéndole que era una verdadera puta. Anita gritaba y gemía, mientras su cuerpo soportaba los brutales embates de ese tipo tan ordinario…

De repente Marcos se detuvo y me ordenó salir de la habitación, diciendo que ya se había hartado de mi presencia. Desde la cocina podía oír los aullidos de Ana, mientras el carpintero redoblaba sus acometidas.
Más tarde los gritos de Ana volvieron a aumentar y a cambiar de tono, por lo cual supuse que estaba siendo sodomizada otra vez…
Cuando comenzaba a anochecer, Marcos por fin salió del dormitorio.

Antes de vestirse me mostró su verga todavía erecta, chorreando una mezcla de su semen y los fluidos de Anita.
Cuando se fue, regresé al dormitorio. Ana estaba boca abajo en la cama. Sus muslos abiertos dejaban ver los labios vaginales muy inflamados y enrojecidos, producto del salvaje ataque de ese bruto desconsiderado.

Su entrada anal estaba repleta de semen, que caía a torrentes sobre las sábanas. Realmente ese tipo había abusado brutalmente de ella y la había dejado destrozada…

Ana esbozó una leve sonrisa; me pidió perdón por todo lo que yo había tenido que presenciar y me aseguró que ya no iba a suceder más…
Pero yo seguía sin creerle…

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