Internet y sus relaciones III

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Internet y sus relaciones III

Susana llegó al centro comercial quince minutos tarde. Tamara y Vero, que al final se había animado a ir, le estaban esperando. Las dos tenían 19 años, la misma edad que Susana. Tamara era la más alta de las tres, medía 1,70 y estaba delgada pero muy bien proporcionada. Tenía el pelo largo y negro como el carbón y los ojos del mismo color. Su tez era morena, bronceada. Sus pechos, pequeños. Una 80A, que le producía cierto complejo. Sin embargo, tenía un culo perfecto y unas piernas esbeltas y torneadas que no dudaba en lucir con ajustadas minifaldas. Precisamente, ese día llevaba una minifalda negra, a medio muslo y unas medias del mismo color que exhibían sus perfectos atributos. Un jersey rosa de algodón, con el cuello en uve, una cazadora de cuero y unos zapatos planos de piel negra completaban su atuendo.

Vero era un poquito más baja que Tamara y estaba un pelín rellenita. Su media melena rubia, ligeramente rizada, sus ojos azules y su tez clara contrastaban abiertamente con los rasgos mediterraneos de sus dos amigas. También sus grandes pechos, una 100D, que trataba sin éxito de disimular con ajustados sostenes. Sus anchas caderas enmarcaban un culo carnoso, de amplias nalgas y una incipiente barriguita. Sus piernas, contundentes, mantenían perfectamente las formas. Vero vestía una blusa negra con pantalones de tela del mismo color sujetados a la cintura por un ancho cinturón. Calzaba unas botas granates con ligero tacón y al brazo llebaba recogida una cazadora del mismo color.

Susana se acarcó a ellas con una sonrisa.

Perdonad el retraso chicas –dijo dandoles un beso en las mejillas.

No te preocupes –respondió Vero- vamos a buscar un sitio donde sentarnos. Tami está deseando contarte todo lo de ayer.

El lugar elegido fue una cafetería de nueva apertura y durante más de media hora, ante una deliciosa taza de café, Tamara les relató todos los detalles de la declaración de Rafa.

Estaba supernervioso. Le temblaba la voz.

Es un chico tímido, ya lo sabes –dijo Vero.

Sí. Precisamente eso es lo que me gusta de él.

Seguro que aún es virgen –apuntó Susana.

Bueno, no sería el único –dijo Vero, que aún conservaba intacta la virtud.

Espero que no le importe que yo no lo sea –intervino Tami.

Bueno, él sabe que tuviste novio durante dos años y seguro que se imagina que no os dedicasteis exclusivamente a hacer manitas y daros besitos durante todo ese tiempo.

Podría intentar convencerle de ello –dijo Tami con una pícara sonrisa

¿Y crees que se lo tragaría? –preguntó Susana interesada.

No sé, pero ya sabeis que soy una gran mentirosa –rió y Susana rió con ella.

Sois unos bichos –les dijo Vero, con una sonrisa en la boca- pobre chaval, se le ve muy buenín.

No veais lo rojo que se puso cuando le dije que me lo tenía que pensar. Seguro que le habían dicho que me gustaba y se esperaba un sí rotundo. Casi no le salían las palabras –informó Tami con regocijo.

A veces dudo de que te guste tanto como dices. Parece más como si te hubieses encaprichado de él y quisieses demostrarte a ti misma que eres capaz de cazarlo –dijo Vero.

Susana no osó abrir la boca, pero claramente podría haber hecho suyas las palabras de Vero. Al menos pensaba así. Tamara era una joven atractiva, a la que le entraban tios casi de continuo. Rafa era un chaval normal, delgado, tímido. No podía imaginar por qué su amiga se había encaprichado de él si no era para probarse a sí misma que cualquier chico estaba a su alcance.

No es eso, Vero, de verdad. Rafa me gusta mucho –les aseguró Tami, un tanto dolida.

¿Cuánto vas a esperar para hacertelo con él? –quiso saber Susana.

No lo sé. Hoy le diré que sí quiero salir con él. Espero que nos demos un buen lote, pero no quiero asustarle o que piense que soy muy ligera de cascos. Mi intención es ir poco a poco.

Vaya, así que hoy tienes plan –dijo Vero– y tu supongo que saldrás con mi hermano. Me habeis dejado más sola que la una. Me voy a tener que echar novio a la fuerza.

Bueno –cortó Susana- en realidad creo que no voy a poder quedar hoy con Carlos.

¿Y eso? –quiso saber Vero- Me dijo que ibais a quedar hoy.

Y así era, pero Ruth y yo avanzamos ayer muy poco con el trabajo de la Facu y Ruth insistió para que quedasemos hoy. Aún no le he dicho nada a Carlos.

Pues no le va a hacer ninguna gracia –dijo Vero.

Bueno, intentaré compensarle –dijo la joven lanzándole a sus dos amigas una mirada traviesa.

Ahora en serio, Susana. La verdad es que me he dado cuenta de que desde hace un par de meses estás un poco distante con mi hermano –dijo Vero.

Era verdad. No entendía muy bien lo que le pasaba. Quería a Carlos, pero ya no era como al principio. No tenía tanta necesidad de verlo, ni de hablar con él. Ultimamente había estado fantaseando con otros chicos, en especial con Toño, su compañero de Económicas. Pero no podía decirle eso a Vero.

¡Qué va tía! Lo que pasa es que estoy un poco agobiada por la carrera –dijo-.

Afortunadamente ninguna de sus dos amigas insistió más y Susana las apremió para que pagasen los cafes y se fuesen a ver ropa.

Se tiraron más de dos horas de tienda en tienda, probandose de todo y comprando nada. Susana llamó a Carlos y le explicó que no podían quedar esa noche. Se lo tomó muy mal y le echó en cara que prefiriese quedar con una amiga que con él. La joven se sintió fatal ya que se dio cuenta de que estaba cambiando una noche con su novio por una noche con “DarkShadow”, un Amo virtual del que no sabía nada. Por unos segundos estuvo tentada de decirle a Carlos que de acuerdo, que le diría a Ruth que no iba, pero algo dentro de ella, algo que no podía explicar le impedía hacerlo. Era la misma sensación que le había hecho dormir toda la noche con el tanga empapado de Ruth.

Eres un egoista –le dijo- sólo piensas en ti. ¿No entiendes que estoy agobiada con la carrera?

Hubo un silencio al otro lado.

Oye, perdona –habló al fin Carlos- no quería estresarte. Es sólo que tengo ganas de verte.

Yo también –dijo Susana, consciente de que no era del todo honesta – si quieres te llamo mañana e intentamos quedar.

De acuerdo –dijo Carlos- que estudies mucho. Yo saldré con los chicos. Supongo que Tami y mi hermana se vendrán ¿no?

Creo que Tami va a salir con Rafa.

Ah, claro. Bueno, mañana hablamos. Te quiero.

Yo, también.

No había hecho más que apagar el móvil cuando éste se puso a sonar. Susana miró la pantalla y su pulso se aceleró al ver el nombre de Ruth. Tamara y Vero estaban atareadas mirando pantalones en el otro extremo de la tienda. Aceptó la llamada.

Hola, Ruth.

Hola, Susi. ¿Qué tal estas?

Bien ¿y tu?

Estupendamente. Te llamaba para ver si ibas a pasarte esta noche.

Se hizo un breve silencio, roto finalmente por la voz de Susana.

Sí –dijo en un susurro– pero sólo esta noche.

Perfecto –casi gritó Ruth- en ese caso tengo órdenes del Amo para ti.

¿Ordenes del Amo? –repitió Susana incrédula

Sí, me ha escrito un correo electrónico esta mañana

¿Y te da órdenes para mi?

Así es

¿Y cuáles son las órdenes? –preguntó Susana.

Son referentes a tu atuendo para esta noche. Debes traer minifalda, medias de redecilla y zapatos de tacón altos. No llevarás ni bragas ni sujetador.

Se hizo el silencio. Susana intentaba procesar las palabras de su amiga. Lo que Ruth le proponía era atrevido, pero excitante. Iba a ser sólo esta noche. La viviría a tope.

De acuerdo –dijo al fin- Le cogeré unos zapatos de tacón a mi madre, tiene varios pares y gastamos el mismo número. Pero no sé andar muy bien con tacones. Me los pondré en tu habitación, antes de conectarnos.

No. Debes ponertelos antes de entrar en mi casa.

Pero si me ven tus padres o tu hermana con esas pintas…

Estaremos solas. Van a estar todos fuera.

Genial. Entonces me los pondré en la puerta de tu casa.

Perfecto.

Oye, Ruth.

¿Sí?

Estoy nerviosa por lo de esta noche.

Ya lo sé. Pero también sé que estás excitada, ¿no es cierto?.

Sí –respondió Susana tras una breve pausa.

Entonces te espero aquí a las diez.

Vale. Un beso.

Un beso.

Susana colgó el teléfono y buscó a sus amigas con la mirada. Seguían mirando ropa, ajenas a ella.

Ruth dejó el móvil sobre su cama y se sentó al ordenador. Estaba totalmente desnuda, tal y como su Amo exigía durante sus sesiones.

GATITA19: Va a venir, Amo. Dice que sólo esta noche, pero va a venir.

DARKSHADOW: Si todo sale bien, vendrá ésta y muchas otras noches. ¿Le has dicho cómo debe vestir?

GATITA19: Sí, Amo. Y lo ha aceptado sin protestar. No tiene zapatos de tacón, pero le cogerá unos a su madre. Se los pondrá antes de entrar.

DARKSHADOW: Perfecto. ¿Tienes todo lo que te he ordenado?

GATITA19: Sí, Amo. Tan pronto he visto su correo esta mañana he bajado a la cocina y he cogido un pepino y una zanahoria y los he subido a la habitación. Están en uno de los cajones de mi escritorio. En cuanto a las medias, tengo cuatro pares. Sin contar el que debo ponerme, me quedarían tres.

DARKSHADOW: No son suficientes. Te dije cinco.

GATITA19: Lo sé, Amo, y ya lo he solucionado. Había un par de mi madre en el cesto de la ropa sucia. El otro se lo he quitado a mi hermana. No creo que lo eche en falta.

DARKSHADOW: Estupendo. ¿Qué hay de la silla?

GATITA19: Me he decidido por una de las del salón. Son las más resistentes, de madera maciza. Además tienen el respaldo bajo y mullido. La posición será perfecta. Tan pronto me quede sola en casa subiré una a mi habitación.

DARKSHADOW: Muy bien. Eres una chica lista. Un último detalle. Me gustaría que la sesión de esta noche fuera… digamos… un poco… distinta.

GATITA19: Haré lo que usted ordene, Amo.

DARKSHADOW: Dame tu número de teléfono. Creo que ya va siendo hora de que escuches mi voz.

Ruth sabía que aquello significaba dar un paso adelantes en su relación. Negarse a darselo, sería posiblemente el final de ella. No lo dudó ni un instante.

GATITA19: 688758403

Segundos después sonó su móvil y en la pantalla aparecio “Identidad desconocida”. Ruth aceptó la llamada.

¿Sí? –preguntó, nerviosa e insegura

Hola, perrita – era la voz del Amo, profunda, varonil.

Hola, Amo –respondió.

Me alegra escuchar al fin la voz de mi esclava. Dandome tu telefono has dado un paso importante en nuestra relación, ¿lo sabes, verdad?

Sí, Amo.

Con tu número de teléfono puedo averiguar dónde vives, cómo se llaman tus padres, tu hermana, puedo saber todo de ti. Incluso puedo presentarme en tu casa por sorpresa. ¿Lo sabes verdad?

Ruth se dio cuenta de que las palabras de su Amo estaban excitándola extremadamente. Su joven conejito estaba babeando y sus pezones estaban erectos como puntas de lanza.

Sí, Amo.

Aún así, no has dudado en dármelo.

No, Amo.

¿Por qué?

Eran sus órdenes, Amo, y yo las he obedecido.

Tus respuestas me satisfacen. Veo en ti a una joven sumisa con posibilidades de llegar a ser una fabulosa esclava.

Le agradezco sus palabras, Amo.

Esta noche será una verdadera prueba para ti. Si quedo satisfecho con tu actuación te convocaré a una sesión real.

Ruth hizo un esfuerzo sobrehumano por no llevarse la mano a su húmedo y excitado sexo.

Amo, no me malinterprete. Nada me haría más feliz que una sesión real con usted, pero desplazarme a Barcelona no va a ser fácil. Mis padres harían preguntas…

No tendrás que desplazarte a Barcelona. Yo iré a Madrid. Pero antes, debes demostrarme que lo mereces. Debes seguir mis órdenes al pie de la letra y hacer que tu amiga Susana jamás olvide esta noche.

Sí, Amo. Así, lo haré.

Como te he dicho quiero que hoy las cosas sean un poco diferentes. ¿Tienes “manos libres” para el móvil?

No, Amo.

Bien, aún tienes tiempo para comprarlo. Esta noche, a las diez y media, llamaré a tu móvil y tu activarás el “manos libres”. Para entonces, Susana debe estar en posición. A partir de ese momento yo dirigiré la sesión. ¿Está claro?

Sí, Amo.

¿Estás cachonda?

Mucho, Amo.

¿Te gustaría masturbarte para mi?

Sí, Amo.

Puedes hacerlo.

Gracias, Amo

La mano derecha de Ruth voló literalmente a su entrepierna y comenzó a frotar con velocidad su engrosada pepita. En pocos segundos, su joven cuerpecito vibraba en un intenso orgasmo.

Eso es mi pequeña sumisa, correte para mí, ofreceme tu placer –susurro Darkshadow.

¡Oh, sí, Amo! ¡Qué placer! Me corro para usted. ¡Soy suya! ¡Soy su esclava! ¡Soy su puta! ¡Soy lo que usted quiera!.

El orgasmo de Ruth duró varios minutos durante los cuales la joven no dejó de ofrecerse a su Amo, una y otra vez. Estaba tan cachonda, tan entregada…

Cuando consiguió relajarse se dio cuenta de que él ya no estaba al otro lado. Miró la pantalla del ordenador.

DARKSHADOW: Te veo esta noche. Tu amiga no debe saber nada de nuestra conversación, especialmente mi intención de tener una sesión real contigo. No está preparada aún. Podría asustarse y abandonar.

GATITA19: De acuerdo, Amo. Lo que usted ordene.

Darkshadow se había desconectado ya. Ruth corrió al cuarto de baño a ducharse. Tenía que salir a comprar el “manos libres”.

Continuará.

“Aunque tengo la 4 parte escrita la voy a dejar para un poco más adelante”, quiero dejaros aún más en tensión.

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