La cabaña para el fin de semana

La cabaña para el fin de semana
Anita por fin pudo convencerme de ir a pasar el fin de semana a una cabaña; con piscina de agua climatizada incluida. Yo me encontraba bastante estresado por el trabajo y decidí que escaparme un poco de la rutina no me vendría nada mal.

La cabaña que ocupamos tenía una ventana que daba directamente a la piscina.
Después de pasar todo el día paseando a caballo; caminando por un bosque cercano y disfrutando del paisaje, Anita me propuso ir a nadar, pero le dije que estaba bastante cansado y me quedaría reposando en la cama. Mi mujercita insistió en que iría sola.
Un rato más tarde, escuché risas desde la piscina. Reconocí la voz de Ana y me imaginé que estaría con los ocupantes de otra cabaña; un par de flacos jóvenes.

No presté demasiada atención a lo que hablaban; pero un rato después, me sorprendió tanto silencio.
Me asomé a la ventana y los vi a ambos…
Anita estaba dentro de la pileta, en la zona menos honda. Apoyaba sus manos en el borde y miraba hacia arriba, pero tenía los ojos cerrados.
Su boca estaba abierta y suspiraba suavemente, casi gimiendo.
Detrás de ella el flaco la estaba embistiendo con ganas.
Mi esposa todavía tenía puesta su malla enteriza; pero era evidente que, por los empujones que le estaban dando, esa verga estaba seguro bien metida a fondo…

Apagué la luz para apreciar mejor la escena y además, para que ellos no me vieran.
Ana jadeaba con la boca abierta, mientras el flaco desde atrás le masajeaba las tetas dentro de su malla. Casi no podía ver la cara de ese tipo que se estaba moviendo a mi delicada mujercita. Envidiaba lo rápido que había sido y lo poco que le había costado levantarse y cogerse a Anita…

Un rato después Anita regresó a nuestra cabaña. Al entrar al dormitorio estaba cubierta por su bata de toalla, llevando su malla en una mano. Venía empapada y tiritando de frío. Sus piernas parecían no sostenerla, ya que temblaban sin control…

Se sorprendió de encontrarme todavía despierto. Seguramente esperaba poder darse una ducha caliente para eliminar todas las huellas y después meterse a la cama conmigo; como si no hubiera pasado nada.

Al verse descubierta, sonrió débilmente y decidió blanquear todo. Abrió su bata y entonces su escultural cuerpo desnudo me provocó una erección.
Pude ver una sustancia blanquecina que se deslizaba entre sus muslos.
Ana miró hacia abajo y también notó ese semen escurriéndose de su vagina.
Volvió a sonreí y se tocó esos labios vaginales enrojecidos y bien inflamados…

Confesó que se había dejado coger por uno de esos chicos vecinos de cabaña y to le dije que había visto todo por la ventana.
Ella entonces suspiró aliviada y me dijo que se daría una ducha rápida, para después acostarse conmigo.

Al salir del baño estaba impecable. Se había retocado el maquillaje y solamente vestía unos zapatos de taco alto. La visión de su labia enrojecida volvió a provocarme una erección dolorosa.

Ana me hizo voltear boca arriba y luego reptó sobre mi cuerpo.
Montó sobre mi verga; pero yo sentí que no se encontraba totalmente dura.
Pero mi sensual esposa sonrió y frotó sus labios vaginales contra mi pubis, hasta lograr que mi pija se pusiera un poco más tiesa.
Luego se empaló ella misma y comenzó a cabalgar sobre mi cuerpo suavemente.

Yo estaba tan caliente, que tardé menos de cinco minutos en acabar dentro de su delicada y húmeda concha. Ella sonrió y me dijo que estaba todo bien.

Desmontó de mi verga y se dedicó a lamerla hasta dejarla otra vez limpia…

Luego me confesó que había quedado bastante satisfecha con la fechoría cometida; ya que ese flaco la tenía bastante grande y la había cogido muy bien.
Anita había acabado un par de veces con esa verga hundida en ella; pero había reprimido sus aullidos de gata para evitar despertar a todos los huéspedes…

La besé profundamente y le lamí sus pezones erectos; luego le hundí un par de dedos entre sus labios vaginales y la bombeé suavemente hasta hacerla acabar.

Mientras Ana recuperaba la respiración, le pregunté si ahora estaba satisfecha también conmigo. Admitió que yo siempre la dejaba satisfecha; pero agregó que ese pibe la había invitado a su cabaña, para proseguir en un lugar más cómodo.

Le había prometido que a ella le encantaría por el culo; pero Ana le dijo que estaba asustada de sentir semejante tamaño de pija en su estrecha entrada trasera…

Pero el pibe era muy insistente y le dijo que su amigo no la tenía tan grande y que entonces podrían intentar una doble penetración. Eso convenció más a Ana…

Me suplicó que le permitiera ir con ellos… solamente sería por un rato. Un polvo y volvería a nuestra cama. Pero yo sabía que eso era imposible para ella…

Me besó otra vez y salió del cuarto, vestida solo con esos tacos y su bata de toalla..

La cabaña de esos pibes era cercana y, una vez arriba, Anita se asomó por la ventana del dormitorio y dejó abierta la persiana para que yo pudiera escuchar todo lo que sucediera…

Un rato después, en medio del silencio de la noche, podía distinguirse el chirrido de esa cama y los gemidos de mi mujercita. Enseguida unos alaridos de dolor, me dejaron saber que la estaban sodomizando…

Caí rendido de sueño después de una hora de escuchar los quejidos de Anita y de la cama donde la estaban cogiendo.
A la salida del sol reapareció otra vez.
Ahora traía su hermoso cuerpo lleno de manchas de semen, moretones y rasguños.
Los labios vaginales estaban enrojecidos y dilatados; al igual que su entrada anal.

Le pregunté si había quedado bien satisfecha.
Me sonrió y cayó rendida sobre la cama…

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