La tía Mercedes

Cumonface

La tía Mercedes

Yo tenía entonces 22, y estaba en la flor de la edad, es decir, siempre dispuesto para el sexo, y la verdad que ya había tenido muchas experiencias satisfactorias al respecto

Mi madre tenía una prima llamada Mercedes, a la cual llamábamos tía Mecha. Esta señora tendría cuando ocurrieron los hechos unos 56 años. Vivía sola a 10 cuadras de casa en un departamento muy amplio que había compartido con su esposo, quien había fallecido unos cinco años antes. Ella era una mujer normal para su edad, es decir rellena sin ser gorda, de tetas grandes poco caídas y un trasero que era una belleza, redondo y firme como pocos. En todo caso, salvo por su culo apetecible, no era una mujer de grandes atractivos, en mi opinión, hasta el momento que motiva este relato.

Como no tenía hijos se apoyaba en nuestra familia en lo que hace a tareas masculinas del hogar y también, a veces para hacerle compañía cuando era menester. En mi caso particular yo le tenía mucho afecto y consideración a la tía Mecha derivado de mi afición por las mujeres maduras que venía de los tiempos de Doña Carmen, inolvidable mujer que me inició en las artes del sexo, y a la cual me he referido en relatos anteriores. Quien tenga curiosidad puede leer mis anteriores vivencias relatadas con los títulos “Doña Carmen y Mi Primera Vez “y “Doña Carmen Entrega la Retaguardia”

Un viernes por la tarde llego a mi casa y mi madre me espera con la novedad de que debía ir a la casa de la tía Mecha porque se había luxado un tobillo y no podía moverse. Estaba en un sillón y había que darle asistencia. Protesté porque yo ya tenía hecho mi programa pero no hubo nada que hacer porque mi hermana, quien acudía en esas situaciones se había ido a pasar el fin de semana con unas amigas.
Mi madre preparó una vianda para llevarle comida y allí marché cuando ya se hacía de noche. Como teníamos copia de sus llaves entré y la encontré en un sillón mirando televisión. Nos saludamos cariñosamente con unos besos y recibí las consabidas gracias por el sacrificio de acompañarla en esa situación.
Calenté y le serví la comida mientras mirábamos televisión. Cambiando de canales buscando algo interesante, di con una película que parecía romántica que a la tía le gustó. Resultó que el romance subió de tono y de pronto la pantalla empezó a mostrarnos una escenas subidas de tono llegando a un momento en que los personajes se ponían a follar con desesperación. Las escenas no eran explícitas pero eran claras al respecto y duraron varios minutos. De reojo yo miraba a Mecha y veía que su rostro se ponía rojo y se revolvía en el sillón. Acabada la película, levanté los trastos de la comida y le ayudé a levantarse para ir a la cama. Por supuesto tenía que ponerse la ropa de cama.
Allí se planteó el primer escarceo. Tuve que ir por su camisón y ayudarle a cambiarse. Hubo un momento de indecisión dado por la situación que resolví sentándola en la cama y dando la espalda mientras se mudaba de prendas. Había un espejo que me ayudaba a ver todo el operativo, así fue que cuando se quitaba el corpiño le vi las tetas que caídas y todo era un espectáculo. Me empecé a poner cachondo y mi verga a tomar volumen.
Eso no acabó allí. Había que llevarla al baño a orinar. Hacia allí fuimos del brazo evitando que apoyase el tobillo dañado. Al tomarla de la axila mi mano se apoyó maliciosamente en una teta que con disimuló magreé. La dejé sentada en el váter pero antes le ayudé a bajarse las bragas. Me retiré, pero desde la puerta quedé espiando para solazarme viendo su viejo chocho peludo.
Le ayudé a volver a la cama y me recosté a su lado. Abrí un cajón de su mesa de noche y para mi sorpresa me di con unas revistas porno y un consolador disimulado en un rincón. Mecha no se había percatado de ello, así que tomé una revista y me puse a ojearla en una posición que la tía debía verme. Cuando se dio cuenta se puso roja, me miró y me dijo con una voz apenas audible
• De dónde sacaste eso?
• De tu mesa de noche. Acaso no son tuyas?
• Si claro, pero son solo para mí. Es lectura privada.
• Ah, qué lástima que no me dejes leerla porque me parece que está buena. Y a propósito, le sacudí con toda mala intención, y esto para qué es? mostrándole el consolador.
• Pero que atrevido, hurgando en mis cosas, debería darte vergüenza. Me haces sentir mal.
• No te pongas así Mechita, solo estaba jugando. Esa película que vimos me puso un poco cachondo. A ti no?
• Eso a ti no te importa, dijo poniéndose colorada..
Se suponía que una vez en cama, yo debía regresar a mi casa, pero como se planteaba la situación preferí quedarme, previo aviso a mi casa y a la tía.
Me recosté vestido muy junto a ella y entablé conversación sobre temas banales mientras apoyaba mi mano sobre su pierna acariciándola y acompañando este gesto con un largo beso que a propósito le di muy cercano a sus labios. Me miró profundamente a los ojos y tomándome la cara con una mano me apretó a la suya y con los labios cerrados me dio un fuerte beso en los míos.
Ya no había más nada que decir. Solo quedaba ir a los hechos y con la calentura que yo tenía no quise dejar pasar el tiempo. La mano que acariciaba su pierna la llevé a su pecho y muy despacio comencé a acariciar su seno por encima del camisón, mientras con mi boca empecé a jugar con mi lengua en su cuello y oreja. Mecha cerró los ojos y mientras suspiraba profundamente me dijo
• Mi muchacho, soy tuya. Hazme gozar que lo necesito y mucho.
Mi respuesta fue avanzar con mis caricias. Por un momento me di cuenta de lo que significaba para esa mujer esa situación y decidí que me comportaría como el mejor de los amantes. Le devolví su beso en sus labios y besé su rostro al tiempo que lo acariciaba.
• Hace tiempo que quería estar así contigo, mentí, y voy a tratar de que esta noche seas la mujer más feliz de la tierra. Solo te pido que me dejes hacer lo que quiero.
• Desde ya mi amor, ya te dije que soy tuya.
La quité la sábana que la cubría y levanté su camisón hasta arriba de la cintura. Esquivando su enyesado tobillo me deslicé hacia sus piernas y empecé a besarlas desde sus tobillos hasta la ingle. Mis dedos jugaron con su chocho por encima de su braga y me percaté que estaba muy mojada. Se la quité pero no me detuve allí sino que seguí con mis besos y caricias hacia su cintura. Ya no eran besos sino lamidas, chupones y en ocasiones pequeños mordiscos. Miré hacia la cara de Mecha y la vi con los labios apretados, los ojos cerrados y suspirando repetida y profundamente.
A esa altura, el camisón era un estorbo, así que se lo quité y la dejé totalmente desnuda ante mis ojos. Me levanté para quitarme mi ropa y mirándola me pareció una bella mujer totalmente entregada a mi merced. Ya desnudo yo también y con una erección total me acosté a su lado y me dispuse a mamar esas tetas que tanto me habían calentado antes. Lo hice suave y con pausa. Tomadas de mis manos las ofrecía al goce de mi boca como el mejor de los manjares alternando mis juegos bucales de una a la otra. Creo que estuve un largo rato gozando con esos pechos. Los besé, mamé, chupé y hasta mordí con una devoción que yo mismo no entendía. Puse mi cara entre ellas y juntándolos con mis manos acaricié mi cara una y otra vez. Pero no era suficiente. Sentía que aun quería más y me prendí de sus pezones para succionarlos buscando en mi fantasía que me amamantara. Que delirio!
No di ni me di respiro. Decidí que era tiempo de bajar al nido en busca de la presa. Separé con cuidado sus piernas y dejé al descubierto su cueva que estaba rodeada por una espesa pelambre que hube de apartar para poder llegar con mi boca a sus labios e introducir mi lengua en un sitio que sabía no había sido visitado en años. Tan pronto que mi lengua tocó el interior de su vulva, Mecha se puso tiesa y empezó a temblar mientras me decía mil cosas. Se estaba yendo en un tremendo orgasmo que yo había provocado con mis caricias
Dejé pasar unos minutos hasta que ella se calmara y volviera a su estado consciente. La arropé con muchos besos y caricias manuales. Fue solo un rato, pues de inmediato volví a lo mío, y lo mío era sacarme las ganas de comerme ese coño cuyo gusto ya había probado. Mi lengua fue y volvió cien veces por su abertura, mis labios succionaron y chuparon los jugos que Mecha derramaba si cesar. Hice de su clítoris el objetivo preciado y lo sometí a mis juegos. Lo chupé, lo mordí y lo besé tantas veces como quise hasta que volví a darme cuenta que la tía se derramaba nuevamente regalándome otro orgasmo total. Después de ello, entendí que era tiempo de parar. Me tendí a su lado enarbolando mi pene que estaba tieso como un garrote.
Mecha se repuso más rápido esta vez. Me miró a los ojos y con su mirada me sugirió que era su momento, me pidió que acercara mi pelvis hacia su cara y tomando mi verga en sus manos se quedó un par de minutos mirándola. Parecía una jovencita en su primer encuentro sexual. Luego me dijo que hacía tanto que no veía y tocaba una real que quería observarla en todos sus detalles para retenerla en su memoria. Se animó y se la llevó a la boca. Con una suavidad que rayaba en la timidez deslizó su lengua sobre el glande para lamerlo con lentas pasadas a su alrededor. Besó mis testículos y los chupó con una delicadeza que me asombró porque no produjo ninguna m*****ia ni dolor, siguió con besos y lamidas por toda la superficie de mi falo para terminar metiéndolo en su boca para darme una mamada colosal que casi termina con mi acabada que interrumpí con un brusco movimiento.
El problema de su tobillo le quitaba movilidad así que monté sobre ella y abriéndole las piernas apoyé mi tranca sobre su vagina. La deslicé de arriba hacia abajo varias veces como buscando un agujero que ya sabía cómo conseguirlo. Ese movimiento la puso a mil y me empezó a pedir que se la metiera. No me hice rogar mucho porque yo también ardía en deseos de hacerlo. Lo hice muy despacio. En cada centímetro ganado me detenía, la miraba y me extasiaba viendo el goce de esa mujer madura. Lo hice varias veces hasta que el deseo me venció y arremetí con todo. Un grito ahogado salió de boca, era un grito de satisfacción y goce. Mis manos buscaron sus tetas para apretarlas y magrearlas, pero lanzado como estaba las abandoné y tomándola de la cintura empecé con el vaivén del caso, primero lento y luego más ligero hasta que sentí que mis entrañas se desgarraban y me derramé en un polvo de tal intensidad que aun hoy cuando lo relato siento que lo estoy viviendo. Mecha no estaba ajena a lo que me pasaba y sintiendo la primera de mis descargas se entregó en otro orgasmo que nos unió en un momento culmine de nuestro encuentro.
Fue de tal intensidad lo vivido que nuestros cuerpos quedaron totalmente agotados. Tomados de la mano y de espaldas nos quedamos dormidos. Cuando desperté y miré el reloj me di cuenta que habían pasado más de dos horas. Mecha me estaba mirando con dulzura. Se había despertado unos minutos antes y me dejó seguir durmiendo.
• Porqué no me despertaste?
• Dormías tan plácidamente que me pareció una locura despertarte.
• La verdad es que lo vivido hace un rato fue tan brutalmente hermoso e intenso que no pude mantenerme despierto.
• Me hiciste sentir en la gloria después de tanto tiempo sin sentir el placer de tener una buena verga dentro de mis entrañas. Creo que fue la mejor follada de toda mi vida. Te lo agradezco mucho.
• En tren de confesiones yo debo decirte que yo también gocé mucho y te juro que quisiera repetir.
Dicho lo anterior le comí la boca con besos mientras sentía que mi verga volvía a tomar la dimensión de los grandes momentos. Debo confesar que mi primer impulso fue pedirle el chiquito, como dicen en México, pero me dio un poco de recato. Me pareció que lo podía tomar mal y arruinar la velada.
Le pedí que se diera vuelta y me quedé haciendo cuchara apoyado en su espalda. Mis manos buscaron sus tetas y acariciando sus pezones volví a empezar el juego. Besé su nuca y cuello mientras mi verga se iba acomodando a su raja, buscando un agujero donde ubicarse. Mecha se curvó hacia mi pelvis y comenzó a refregarse sobre mi miembro, mientras me pedía que la follara. En una de esas, mi pene se ubicó en su ojete y haciéndome el distraído empujé un poco para ver que reacción había. Hubo un pequeño respingo junto a un suspiro que interpreté como su aceptación. Sin querer estaba logrando lo que no me había animado a proponerle.
Dudé en seguir porque así en seco me parecía que iba a ser muy violento porque mi tranca estaba durísima y le iba a dañar el culo. Muy despacio le pregunté al oído
• Sigo?
• No sé. Tengo mucha curiosidad pero también miedo a que me duela, tu verga es muy gruesa.
• Debo entender que quieres por lo tanto debo seguir. Voy a tratar de que no te duela. Me dejas?
• Con cuidado por favor.
Unté mis dedos con mucha saliva y los jugos de su coño y empecé a dedear su ojete. Primero el dedo mayor abriendo espacio, luego el anular y finalmente el índice. Me llevó unos minutos pero al fin su esfínter cedió. Mojé mi picha con más saliva y le puse la cabeza en el agujero y arremetí despacio esperando su reacción. Hubo un gesto de separación pero como la tenía tomada de la cintura, no permití que me quitara. Me quedé un rato quieto aguardando que el chiquito se amoldara al huésped y luego comencé con un vaivén lento pero continuado.
• Duele Mecha?
• Un poco mi amor pero se me está pasando. Para mí es una sensación rara porque es la primera vez que me lo hacen, pero me está gustando. Sigue mi niño.
• Me place mucho que te vaya gustando. Espero que poco a poco vayas empezando a gozarlo.
Seguí con mis embates cada vez más fuertes y seguidos. Busqué su concha para frotarle el clítoris pero su mano ya estaba haciendo la tarea. Volví sobre sus tetas para apretarlas y sobarlas mientras sentía que mis testículos empezaban a contraerse anunciando una explosión de semen. No pude más y descargué lo que me quedaba. Al sentir el chorro en su entraña, Mecha aceleró su paja descargando otro orgasmo que la hizo vibrar.
La abracé fuerte mientras le decía que lo mucho que me había gustado ese polvo. Ella confesó que también lo había gozado y que habiéndolo probado seguramente lo volvería a repetir de buena gana.
Así nos ganó la noche. Cansados, satisfechos y felices a nuestro modo. Mecha había satisfecho necesidades reprimidas por años, mientras que yo había completado una noche impensada cuando me llegué a su casa. Después de esa oportunidad, nació entre ambos una complicidad que nos llevó a repetir la velada cuantas veces pudimos, y así lo hicimos por algunos años hasta que tuve que desplazarme a otra ciudad por mi trabajo. Como dije, hubo otras oportunidades que quizás den motivo a otro relato.

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