Alameda 12, 3ºD (un esbozo)

Alameda 12, 3ºD (un esbozo)
Claudia, una estudiante universitaria, lleva tiempo queriendo hacer realidad una de sus mayores fantasías sexuales, pero hasta ahora no había descubierto la mejor forma de proceder…

La semana que viene, aprovechando un puente local, se irá a una pequeña ciudad que nunca ha visitado, lo suficientemente lejos como para garantizarle el no ser reconocida, y se dedicará a una de las cosas que más odia en este mundo: ir de inmobiliarias, pero esta vez con un nuevo objetivo.

No, no está buscando piso en tu ciudad, está buscando a una persona muy concreta que le llene el ojo y el afortunado es el cincuentón responsable de la inmobiliaria Hnos. Fraile, alto y de buena percha para una edad en la que los hombres tienden a dejarse.

Nuestra protagonista interpreta su papel como una actriz profesional. Nunca había tenido tantas ganas de ir a ver un piso. Cuando salen caminando hacia su destino tiene que esforzarse por no tomar a su víctima del brazo mientras siente que el calor que ya intuía se va tornando supernova entre su estómago y su entrepierna.

Calle de la Alameda, número 12, piso tercero derecha, completamente amueblado, dos dormitorios, seiscientos euros al mes, gastos de comunidad incluidos.

Claudia está en el filo desde el momento en el que se ha cerrado la puerta principal y Eduardo (que así se llama su guía)ha comenzado a cumplir diligentemente con su trabajo, comenzando por enseñarle el dormitorio principal, el cuarto de baño, el cuarto de invitados (‘O para una compañera, si se terciase’) y la salita de estar. Cuando se sientan a discutir algún tema burocrático al que ella hace oídos sordos, siente unas ganas irrefrenables de tomarle la mano y besar sus nudillos antes de comenzar a lamer su dedo índice, peor ha de esperar sólo un minuto más.

– Déjeme dar otra vuelta sola, por favor, don Eduardo.-

– Por supuesto, faltaría más. Además tengo que hacer una llamada, si no le importa. Véalo otra vez con completa libertad mientras le espero en la salita.- Él se levanta caballerosamente antes de volver a sentarse en le butacón.

Ella va caminando lentamente hasta el dormitorio principal, escuchando tan sólo como aumenta de sonido el latido de su corazón. Ya antes de entrecerrar la puerta a sus espaldas, sus dedos juguetean y van desabotonando los botones de su camisola. Se abre el cinturón dejando caer sus pantalones cortos y, acto seguido, se desprende de bragas y sujetador, dejándose sólo las media puestas.

Respira hondo, abre la puerta decidida y olvida por completo el trayecto que la arrastra por el pasillo hasta la salita, una vez más, donde don Eduardo mira al suelo mientras habla por teléfono antes de levantar la vista y notar cómo se le sube el corazón a la garganta al presenciar la visión angelical que menos esperaría en estos momentos…

– Te… Te… Tengo que colgar… S… Si, estoy bien… O eso creo… Nos vemos en… un rato, Alberto…- Masculla nervioso antes de colgar, observando los florecientes pechos de Claudia, de sonrosadas aureolas pálidas, ya endurecidas por al excitación, su rostro nervioso peor radiante y un cuerpo delgado pero con curvas, abierto en su entrepierna por un nido castaño claro de poco espesor.

– Don Eduardo, ¿Cree que podríamos probar el estado de los muebles y los somieres?- Sonríe, nerviosa pero decidida, observando como cómo bajo el pantalón de su asesor comienza a erguirse una envidiable erección…

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