El profesor…

El profesor…
Gracias a un gran autor TR…

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones?

La confusa carretera de mis emociones lucía devastada, el sinuoso y mojado camino por el que venía conduciendo frente a mí, hacía juego con mi corazón marchito.

La tarde era lluviosa y gris, a mi derecha: una verde pradera, coronada por majestuosas montañas de color azul distante, un paisaje hermoso dibujado por maestras pinceladas, a mi izquierda: una frágil presa a medio construir, y frente a mí: mis desolados pensamientos, el viejo camino y melancolía.

Las gotas de lluvia en mi parabrisas me impedían ver con claridad, y mis lágrimas tampoco eran de gran ayuda, y cuando alcé la vista un irradiante y multicolor arcoiris como pintado a mano sobre el cielo taciturno, iluminó brevemente mi interior, como un faro encendido a lo lejos en una noche de tormenta.

Y entonces al igual que ese pacto divino para con los hombres que es el arociris, recordé la promesa que nos hicimos alguna vez, de no separarnos jamás.

Dos caminos se distinguen en la distancia, el de la derecha me lleva a una vida diferente lejos del amor frustrado de mi vida, y el de la izquierda de regreso a él, ¿qué camino debo tomar?

Giré el volante en la dirección correcta, cuando de pronto un estruendo enorme abrumó el ambiente, rocas cayendo sobre mi auto, agua; muchísima agua entrando, ¡estoy asustado! ¡no puedo salir! Un golpe en mi cabeza, y de la nada, una extraña luz mucha luz….

-¿Podrías apagar esa luz por favor?- le dije a mi pareja m*****o porque a la mañana siguiente debía presentar mi examen final y la luz de la computadora no me estaba ayudando a conciliar el sueño.

-Claro que sí nene, no es mi intención m*****arte- me respondió mi maduro amante.

Su nombre era Sergio, y había sido mi profesor de física en la universidad, era un hombre maduro, alto e interesante, con unas incipientes entradas en su frente que lo obligaban a traer el pelo casi a rapa, pero el cual le otorgaba un look, arrollador, varonil y terriblemente sexy, una hermosa piel bronceada, que recordaba el tipo de hombre italiano, su barba cerrada, unos ojos color miel, grandes y expresivos coronados por unas cejas pobladas, una boca pequeña, con un lunar debajo de su ojo izquierdo que le daba un toque inocente, y su cuerpo….no hay palabras para describir ese cuerpo que tantas noches me hizo enloquecer en la intimidad, peludo hasta los huevos, dotado de un pene mas pequeño que el largo normal, tal vez de 15 cms, pero tan grueso que lo hacía lucir enorme, unos brazos marcados y un par de piernas de ciclista, con un trasero firme y socarrón, y una sonrisa burlona y retadora.

No fue nada fácil hacer mi sueño realidad de dormir cada noche abrazado a su peludo pecho, ya que él alguna vez caminó por la vida como un hombre heterosexual, pero esta historia al igual que el que pensé que era el final de mi vida, no comienza aquí.

Nunca en mi existencia había sentido tal pasión por alguien, como la que sentí por Sergio en cuanto lo vi cruzar la puerta del aula de clases, la mañana de ese lunes de abril.

Llegó puntual y pulcro, con unos jeans oscuros y una camisa de vestir azul celeste, y el aroma fresco a recién bañado de su elegante loción inundó mis sentidos.

Sergio había llegado de la ciudad de Monterrey Nuevo León, México a impartir la materia de Física II en mi universidad, luego de presentarse y amenizar con unos cuantos chistes nuestra primera clase, mi nuevo profesor impartió su materia, y en el transcurso de esa hora, tan sólo pude concentrarme unos minutos, porque mi mente se la pasó divagando imaginándolo desnudo.

Yo era un chico de 19 años atractivo a mi manera, me llamo Gabriel, y mi fama de rompecorazones con los chicos gay, se vio destruida porque en cuanto supe de la existencia de este adonis, jamás pude ser el mismo.

Recuerdo que por aquella época no tenía definido casi ningún rasgo de mi personalidad, era inestable, rebelde e irrespetuoso, me gustaban las chicas que parecían chicos, y los chicos que parecían chicas, nada llenaba el vacío de mi interior, pero cualquier duda e inseguridad se disipaba cuando mi guapo profesor llegaba a su clase.

Las chicas de mi salón morían por él, y cuando veían entrar al “peloncito guapo” al aula, un silencio se creaba en el ambiente, varias veces las escuché decir que muchas se calentaban con él y que se imaginaban tenerlo en la cama.

Yo inteligente y astuto para conseguir lo que quería, ideé un plan para estar a solas con Sergio algunas horas extras a la semana, fingiendo no entender los problemas de su clase, y él pacientemente me explicaba una y otra vez a la salida de la escuela.

Yo lo miraba extasiado y cuando descubría alguna mirada incómoda de su parte, me disculpaba diciendo que estaba cansado, nunca noté ninguna tendencia gay en su persona y me sentía desesperado porque mis esfuerzos por conquistarlo, como los detalles que le regalaba de vez en cuando o mi rápido e “inusual” aprovechamiento en clase, resultaban fallidos.

Había algo en su arrasadora personalidad que me hacía querer ser mejor persona, y pronto olvidé mis borracheras de fines de semana y comencé a tomar con mas constancia mis estudios, y mi pasión mas grande: el ciclismo de montaña, el cual después de llevarme la grata sorpresa de que Sergio también disfrutaba grandemente esta actividad, la realizaba con mas entusiasmo.

Le dije a mi profesor que yo practicaba este deporte, por un hermoso camino en medio de un bosque pequeño y un río en mi comunidad y que estaba cordialmente invitado a acompañarme los fines de semana y él aceptó gustoso mi invitación, por lo que cada sábado en la mañana, tomábamos nuestras bicicletas y emprendíamos el camino de dos horas y media de ida y de regreso.

Por ese tiempo conocí que era divorciado y que no tenía hijos, que le gustaba la natación la caminata y el ciclismo, que nunca había sido muy noviero en su juventud, que le fascinaba el helado de chocolate con nuez y que uno de sus placeres ocultos era hacer bolitas sus mocos y aventarlos contra la ventana.

Su sencillez, su imponente presencia, su sentido del humor y su elocuencia, me tenían totalmente enamorado de él, y cada noche le dedicaba una deliciosa puñeta en la soledad de mi recámara.

En una ocasión lo vi orinando detrás de un árbol y al salir de éste pude ver por unos instantes la gorda y circuncidada cabeza de su pene, de un color rosa pálido, con una mata de pelo rebelde y sensual, y cuando se subió su short el impactante bulto de su verga y sus gordas pelotas resaltaba mucho detrás de la prenda de licra para ciclista.

Pero cada vez que tocaba algún tema homosexual, Sergio parecía incomodarse con la platica y rápidamente cambiaba el asunto y se las ingeniaba para convertirlo en un chiste, esta situación me confundía en ocasiones y en otras me dejaba dudando de su condición.

Así seguían mis días añorando su presencia por las tardes, y anhelando que el fin de semana llegara para poder verlo en su ajustada ropa de deporte, y la visión de su pene mientras orinaba me volvía loco y seguía fresca en mi memoria.

Luego de un tiempo de conocerlo y por azares del destino, una tarde me puse a navegar por internet, en una página de contactos personales para encontrar pareja, me gustaba leer los perfiles de hombres heterosexuales guapos, y de pronto encontré uno que me pareció muy familiar y que decía: Profesor atractivo de 35 años, tranquilo y sin vicios, amante del chocolate con nuez, del ciclismo y la vida al aire libre, busca mujer de 25 a 34 años para relación estable.

No tenía fotografía, pero con esa descripción estaba casi seguro que se trataba de mi profesor de Física, y de pronto tuve la idea de hacerme pasar por una mujer y escribirle al correo que dejaba en su perfil.

Esa noche de sábado, agregué a mi mensajero la dirección de este hombre esperando que fuera mi profesor, y así poder seducirlo chateando con él haciéndome pasar por una joven mujer, conseguí fotografías de una chica común pero linda y me inventé una nueva vida afín a la de mi maduro y atractivo amor platónico.

Estaba a punto de retirarme y apagar la computadora, cuando el misterioso hombre ingresó a internet, y después de presentarme y explicarle que había tomado su correo electrónico en respuesta de su anuncio, mi nuevo contacto puso su fotografía en la ventana del chat y mi corazón dio un vuelco de alegría: efectivamente se trataba de Sergio.

Luego de una interminable plática, salpicada de risas, chistes y profundos temas personales y de la vida, el amanecer nos sorprendió conectados a la computadora y antes de irnos a tomar un descanso, Sergio me dijo que yo era “una mujer bella, con bonitos sentimientos, inteligente y muy agradable”

Pasaron los días y las semanas y casi todas las noches “Gaby” mi seudónimo femenino, tomaba vida y chateaba con Sergio de mil cosas y cada vez sentíamos que había mucha química entre nosotros, y cuando mi profesor y yo salíamos a hacer deporte los fines de semana, me contaba sobre Gaby y de lo bien que se sentía platicando con ella, y yo sólo podía sonreír secretamente.

Una noche de verano, después de platicar algunos temas superficiales, la plática con Sergio comenzó a ponerse picante, e inocentemente yo le hacía preguntas como: -¿cómo un hombre tan viril y atractivo como tu, esta solo? me encantaría enamorarme de alguien como tu para cumplir sus fantasías mas secretas cada noche en la cama-

Sergio comenzaba a excitarse, cayendo en mi trampa de mujer inocente y sumisa, cuando la plática llegó al punto de que Sergio me pregunto si tenía web cam, a lo cual respondí que no pero que si le gustaría ver unas fotos atrevidas mías.

Mi maduro cyber-amante contesto que sí, y que si no me m*****aba lo que íbamos a hacer, él pondría su web cam para poder masturbarse frente a mí.

Afortunadamente encontré muchas fotos de la misma chica pero desnuda por la que me hacía pasar, en un blog que encontré de esta joven que vivía en otro estado de la república Mexicana.

Cuando Sergio encendió su cámara, lo primero que vi fue su peludo pecho desnudo, y su fuerte y varonil mano acariciándose sensualmente, llevaba un short corto de color amarillo, que dejaba ver su verga erecta y sus peludas y musculosas piernas.

-¡Oh, mi amor! Me excité inmediatamente al verte con tu pecho desnudo, me sentí toda húmeda de mi cuevita- le escribí comenzando a sobar mi propia y erecta verga.

-Envíame una foto sexy tuya mi reina, que quiero ver esa vaginita y tus hermosos pechitos de nena- me ordenó mi profesor, y enseguida le mandé una foto donde aparecía esta chica desnuda de la cintura para arriba mostrando sus senos y sus rosados pezones, muy sonriente sentada con las piernas cruzadas sobre su cama.

-Ahhhh, ¡cosita linda! ¡mira nada más que ricas tetitas!- fue su respuesta después de ver la fotografía, frotándose fuertemente su hinchado bulto.

-¿Te gusta papi? Tengo muchísimas fotos más y más atrevidas que puedo mostrarte pero a mi también me gustaría ver mas de ti- le dije adivinando que su respuesta sería quitarse su short y enseñarme por fin esa verga en total estado de erección, que tanto anhelaba ver.

Pero estaba muy equivocado ya que mi guapo profesor no solo no descubrió su paquete sino que se anudó una toalla a la cintura como esperando ver cual sería mi reacción.

Yo sin dudarlo un segundo le pregunté de la manera mas cachonda que pude: -¿qué haces papito? Pensé que te quitarías ese short para poder ver tus atributos de macho-

Y enseguida se puso de pie y sin sacarse su toalla se quitó los shorts amarillos por debajo y con una sonrisa me los mostró por la web cam.

-¡Eso es jugar sucio mi amor!- le contesté muy caliente, y de este lado mi verga estaba a punto de estallar de deseo.

Volvió a sentarse sobando su hinchado paquete por encima de la toalla y de vez en vez me hacía sufrir subiendo un poco la toalla y dejándome ver su peludos y musculosos muslos.

Como no hacia nada mas que sonreír, rápidamente busqué una fotografía mas reveladora, donde la chica esta de espaldas con sus brazos cruzados totalmente desnuda y mostrando su gran culo.

Se la envíe y él al recibirla sonrió aun más complacido, y me dijo que me estaba portando muy bien y que ahora podría enseñarme un poco más de su anatomía.

Ahora subió un poco más su toalla y una gorda pelota peluda se asomó por unos instantes, yo estaba que reventaba de placer masturbándome frenéticamente, y luego de volver a taparse con la toalla me dijo que tendría que enviar fotos mas comprometedoras.

No pude más y le envíe la foto de esta chica totalmente desnuda sentada sobre su cama con la cabeza echada hacia atrás y sus piernas abiertas mostrando en todo su esplendor la raja depilada.

Su respuesta fue un marcado ¡uff! Y después de esto se quitó lentamente la toalla y al quedar su gordo palo peludo al descubierto puso sus manos en la cintura y sonriendo me preguntó que qué me parecía.

¡No podía creer lo que estaba viendo! ¡mi guapo profesor mostrándome su peludo cuerpo frente a mi monitor!

Yo casi al punto del orgasmo comencé a tomar fotografías de tan placentero espectáculo con un programa que tengo de computadora, para poder guardar la visón de mi profesor totalmente desnudo con su verga y gordos testículos al descubierto.

-¿Es lo que esperabas mi reina? Quiero saber si te la tragarías entera por esa vaginita de nena puta insaciable que tienes-

Tan solo pude responder un larguísimo –siiiiiiiiiiiiiii- y luego sobándose sus peludos testículos se puso otra vez de pie y se puso de espaldas dejándome ver su trasero peludo y blanco, se notaba que se había bronceado ya que el color claro de sus nalgas resaltaban muchísimo más del resto de su cuerpo bronceado.

Luego subió una pierna a su silla y comenzó a masturbarse, yo veía sus gordos huevos colgando entre sus piernas debajo de su hermoso culo de macho dominante.

Sus bolas se tambaleaban por aquí y por allá mientras jalaba el capullo de su chica pero gruesísima verga erecta.

Yo le lanzaba frases como: -¡estoy toda empapada de mi cuevita papito! Me estoy metiendo unos deditos en mi raja pensando que me haces el amor con esa tranca de macho que tienes mi rey-

Luego de un rato bajó su pierna y volvió a ponerse de frente, y acercando mucho su verga a la cam pude ver todos los detalles de ésta, peludísima, su tronco gordo del ancho más grueso que haya visto, bolas peludas y de color rosita, era un dios griego este rico macho.

Cuando se volvió a sentar masturbándose su gordo palo, le pedí que si era posible pusiera un brazo detrás de su nuca, y que lamiera un poco su axila mientras seguía jalándose su capullo, no pareció importarle y pronto adoptó la posición solicitada tocando con la punta de su lengua los pelos de su sobaco, con los ojos cerrados y con un largo ahhhhhh anuncié mi orgasmo, los trallazos de mi leche llegaron hasta el monitor y el escritorio, me llené hasta el cabello, con tan abundante corrida.

-Papitooooo no puedo más ayyy, mi vida ohhhh si papito me vengo mi vida ¡me vengo!-
le escribí fingiendo un orgasmo femenino y diciéndole que mis pezones estaban durísimos y que había tenido un múltiple orgasmo.

Él apresurando sus movimientos tuvo una corrida increíble, llenando sus huevos, su vientre y su peludo pecho de su blanca leche de macho.

Se quedó exhausto con los brazos detrás de su nuca y con una amplia sonrisa en su rostro, respirando agitadamente, y luego embarrando su leche con la mano, la esparció en todo su pecho.

Me dijo que debía limpiarse y que regresaba en un momento, yo lo esperé igual de relajado sin creer todavía lo que acababan de ver mis ojos.

Cuando regresó se había puesto su mismo short amarillo y ya limpio seguimos platicando de lo bien que la habíamos pasado y de que sería maravilloso hacerlo en la vida real y conocernos.

Yo por supuesto pensando en que eso tenía un pequeño inconveniente ya que no era quien decía ser.

En esos días seguíamos chateando y haciendo el cyber sexo de vez en cuando, y todas eran unas sesiones fantásticas, aunque debo confesar que lo que más me gustaba eran esas noches de sábado, cuando platicábamos trivialidades y cosas de la vida, haciéndonos preguntas indiscretas y riendo de chistes tontos sin sentido, nos estábamos convirtiendo en amigos muy cercanos y cómplices de sexo cibernético.

Pero al pasar el tiempo comencé a sentir celos de mi propia versión femenina ya que lo que mas anhelaba no era platicar con él como “Gaby” sino como Gabriel.

A estas alturas yo ya sabía demasiadas cosas íntimas de mi maduro profesor, sabía que le gustaba y que le disgustaba, cuales eran algunos de sus planes, sobre su familia y alumnos, amigos cercanos y demás y todo esto me parecía una información demasiada valiosa para ser desperdiciada en “Gaby” así que debía aprovecharla y comenzar a acercarme más como Gabriel a mi amado profesor de Física.

También me di cuenta que yo era bastante honesto en mis gustos y aficiones con él, mis conversaciones eran abiertas y sinceras, y por un momento me hizo sentir que en realidad lo que más le gustaba de mí era lo que pensaba y no tanto mi cuerpo ficticio.

Por esas fechas cuando salíamos a hacer deporte en bicicleta los sábados por la mañana, y me contaba de “Gaby” mi corazón se debatía entre la tristeza y la alegría, porque el hombre que más deseaba en el planeta estaba al mismo tiempo cerca y a millones de kilómetros de distancia.

Esa era mi triste realidad, no me atrevía a confesarle mi osadía que yo en realidad era esa “mujer” de la que se estaba enamorando y compartía sus secretos y fantasías y me conformé a sentirlo mío por las noches a través de un monitor de computadora.

Una noche como cualquiera y después de tener sexo cibernético de nuevo, Sergio me pidió que necesitaba conocerme y que el viernes entrante había una reunión con sus compañeros de trabajo y alumnos y que le encantaría que lo acompañara.

Yo inventando mil pretextos para no ir, me disculpé y él un poco triste me dijo que era una pena y que ojalá muy pronto pudiéramos conocernos.

Esa semana noté en las clases, que mi amado profesor se encontraba algo cabizbajo y adiviné enseguida que era por culpa de mi ficticio rival de amores “Gaby”.

Como un agente secreto con súper poderes de una vida paralela, deseé tomar el lugar y el cuerpo de mi adorado y a la vez odiado seudónimo, y así poder enamorar personalmente a mi delirio masculino….creo que leo muchas historietas de cómics.

Dos noches antes del viernes día de la reunión, Sergio estaba algo serio y distante, no era el mismo de todas las mad**gadas y algo notaba raro en él, chateamos menos que lo acostumbrado y al día siguiente no se conectó, lo esperé como siempre pero nunca llegó.

El viernes en la mañana no nos tocaba clases con él por lo que no podría verlo sino hasta la noche en la fiesta.

El momento de irme a la fiesta llegaba y me arreglé como nunca, con unos jeans que me quedaban a la perfección y resaltaban mucho mi trasero, una playera de moda y unos tenis convers, ansiaba llegar al lugar y ver a Sergio porque me había decidido a decirle quién era yo y que hiciera el esfuerzo por corresponderme, que no había sido mi intención engañarlo así, pero que se diera cuenta de que él sentía algo por mi por la manera en que me hablaba incluso sin ver la foto falsa de “Gaby”

Llegué al lugar de la reunión y saludé a varios amigos y profesores que estaban pasando un buen rato, me senté en uno de los sillones frente a una ventana que daba hacia fuera para ver la llegada de Sergio, y cuando ví pasar su coche mi corazón comenzó a latir muchísimo, necesitaba armarme de valor y tomándome varios “caballitos” de tequila, esperé que entrara para decirle que necesitaba hablar a solas con él.

La puerta se abrió y un muy sonriente y animado Sergio entró, pero en vez de salir corriendo a su presencia, sentí una rabia espantosa, me levanté inmediatamente de mi asiento con cara de pocos amigos al ver que su tímida pero gran sonrisa de oreja a oreja se debía a otro motivo…

No podía respirar, no podía pensar, no podía hablar, me estaba retorciendo de desesperación en mi lugar, era como estar ahogado en un horrible silencio dentro de mí mismo, por paredes castrantes invisibles que contenían mi alma en agonía, y de pronto esa luz de nuevo, mucha luz…

Los faros de un automóvil estacionándose con las luces altas dieron directamente dentro de la casa, entrando por la ventana al lado del sofá donde me encontraba sentado, pero ahora de pie, esa m*****a luz me impedía ver con claridad quién rayos era la joven mujer con la que Sergio había llegado.

La chica era hermosa, de una piel brillante y castaña cabellera, su sonrisa era abrumadora y al entrar Sergio, yo fui el primero al que la presentó, ella sonriente y muy simpática me extendió la mano y yo correspondí a su cortesía devolviéndole el saludo pero esbozando una sonrisa desconocida hasta ese entonces por mí: una sonrisa retadora y en ese instante supe que una feroz lucha por defender mi territorio iba a comenzar.

Su nombre era Lila, y había estando chateando a la par de mí con Sergio todo este tiempo, se conocieron a través de la misma página de contactos donde yo lo encontré y la verdad que nunca pensé que Sergio le ocultara una cosa así a “Gaby” pero después de todo, él solo era un hombre.

Al avanzar la noche los miré desafiante y a la vez amistoso, me sentía totalmente fuera de lugar, una extraña combinación de celos con empatía, si la chica no fuera mi “rival secreta de amores” me hubiera identificado con ella, y hasta formar una bonita amistad.

Mi vaso de tequila amenazaba con terminarse, así que fui a la cocina a servirme otro poco y estando ahí un compañero de clases y de “amores” con el que tuve alguna aventura al iniciar la carrera ,se me acercó sigiloso y retador, en un obvio estado de ebriedad y tomándome por los hombros me llevó contra una pared.

-He visto como lo miras cuando crees que nadie te observa- me dijo sujetándome fuertemente y sintiendo su fuerte aliento alcohólico y haciendo derramar mi vaso de tequila con jugo de toronja.

-¿Y a ti que te importa?- mascullé furioso por su no solicitado comentario -¡mucho! Pensé que tu y yo teníamos algo Gabriel, ¡además el nunca podrá ser para ti, siendo un hombre mayor y Hetero! Ja-ja-ja ¿en verdad crees que tienes oportunidad?-

-Eso es algo que no pienso contestarte, porque no te compete, y no, tu y yo no tenemos nada Luis, aquello fue solo un acostón de borrachera, ¿cuándo vas tú a darte cuenta?

Su respuesta fue un fuerte puñetazo contra la pared a escasos centímetros de mi cara, Luis era un chavo temperamental, además de corpulento y algo fornido ya que entrenaba en el equipo de fútbol de la escuela, y aunque acostarme con él fue uno de mis “logros” personales, desde que Sergio había llegado a mi vida no tuve interés en nadie más, es raro pero solo dos veces en mi vida me he sentido así.

-¿Estas pendejo o que? ¡ya déjame en paz borracho!- le contesté haciéndolo a un lado y percatándome de que Lila estaba detrás de nosotros y no sabía exactamente el tiempo que llevaba ahí o que había escuchado.

-¿Todo bien chicos?- nos preguntó confundida –si, Luis esta algo alucinado je-je-je creo que es mejor que se vaya a su casa- le dije viéndolo a los ojos.

-Ok, me llevo estas servilletas- nos dijo regresándose a la sala con Sergio, y yo volviendo con Luis y tratando de suavizar las cosas, le dije que ya estaba muy borracho y que no sabía lo que decía, que al día siguiente no recordaría nada.

-Eso crees tu Gabriel, mejor ándate con cuidado tú y tu pinche maestrito de quinta que nadie se burla de mí-

Aventándome con su mano se alejó furioso, y yo me quedé ahí pensando que lo último que necesitaba era un ex amante celoso en mi vida.

Luego de eso, rápidamente se me ocurrió esperar hasta que Sergio y Lila se fueran, para pedirle de “favor” que me diera un aventón después de dejarla a ella en su casa y así tener la oportunidad de estar a solas con él y confesarle…. bueno, declararle lo que sentía.

Al llegar el momento indicado, cuando Sergio y Lila empezaron a despedirse le pedí el favor a Sergio delante de Lila sabiendo que no se negaría, y él un poco desganado aceptó.

Después de un incómodo silencio en el auto con ellos dos y al llegar a casa de Lila, Sergio se bajó del carro con ella y entre sombras desde el coche pude distinguir que se dieron un tierno y tímido beso, -¡ah! así que esto es lo que se siente la rabia de los celos- me dije a mí mismo en voz baja.

Sergio volvió al auto y lo arrancó, íbamos platicando de trivialidades y de pronto se me ocurrió invitarlo a un bar que quedaba cerca y poder seguir un rato mas la juerga, Sergio titubeó un poco, pero al final aceptó ir conmigo y echarse unas cervezas, a final de cuentas apenas eran las 12:30 de la noche y…. mi juego comenzaba.

Llegamos al bar “33” y nos sentamos en un cómodo sillón, y a lo largo del lugar se escuchaba “Love fool” de The Cardigans, un suave viento soplaba en la terraza donde estábamos instalados y la embrujadora melodía seguía su curso: “love me love me, ¡say that you love me!”

Tomamos una cerveza y los vientos amainaron, para cuando íbamos por la tercera los ánimos y las risas treparon por nuestras felices gargantas, y todo era un ¡salud! después del otro.

Para ese entonces por fin me animé a preguntar: -¿así que….tu y Lila eh? ¿llevan mucho tiempo saliendo?- no mucho- me contestó animado, -no sé en realidad si sea para mí, no tenemos mucho en común, pero bueno….he estado mucho tiempo a dieta- esbozando una maliciosa y sexy sonrisa al final de su oración.

Nada hasta este momento ni sus gestos, ni un movimiento en falso, ni siquiera alguna palabra en doble sentido, me hacían pensar que tenía alguna oportunidad con él, y mi paciencia comenzaba a terminarse.

Así que mi única oportunidad era el viejo truco del alcohol.

Las rondas de cerveza no pararon, y al final estábamos junto a otro grupo de amigos brindando abrazados y saltando al ritmo de una alegre canción de fiesta, descubrí en ese momento que Sergio no era tan aburrido como él mismo pretendía aparentar, y que con unas copas de más, su lado festivo se ponía en evidencia.

Sergio me abrazaba y pasando uno de sus brazos por mi nuca, yo podía sentir su aroma, era embriagante, un macho en toda su gloria.

Poco a poco el otro grupo regresó a su mesa y algunos comenzaban a despedirse y nosotros volvimos a nuestros asientos a pagar la cuenta.

Al final de la velada y animándome a ganar o perderlo todo me animé a ejecutar el plan B y me ofrecí a manejar y a llevarlo a su casa, la suerte estaba echada….

“Y me lanzo a la media noche como voy, hoy voy a verte voy a sentirte….hoy me decido te voy a amar….voy a dejarte huellas en la intimidad”

Eran las palabras que una noventera Thalía cantaba con chaqueta de cuero negro y pelo alborotado, las cuales nos despedían del lugar.

Sergio se tambaleaba y a duras penas pudo subir al auto, se reía solo y se quedaba viendo el piso, sentado en el asiento del copiloto, mientras yo arrancaba el coche.

En el camino Sergio dormitaba o despertaba de repente riéndose y diciendo que yo era un buen amigo, y de pronto posó una mano sobre mi pierna y comenzó a acariciarla.

Yo sintiendo la suave brisa de verano rozando mi rostro, me armé de valor y le dije a quemarropa:

-Me he enamorado de ti, soy gay, tal vez eso ya lo sepas y sabiendo que no tengo oportunidad te lo confieso, porque ya no puedo guardármelo más-

No cabe duda que el tiempo es relativo, debieron pasar tan sólo unos segundos, pero para mí el tiempo se detuvo en una repetitiva agonía desesperante, como preparando mi alma para lo que vendría después cuando quedaría atrapado en aquella presa.

Sergio no se inmutó, solo posó sobre mi una tierna mirada y sonriendo volteó su cabeza hacia la ventanilla del coche, yo sin saber reaccionar seguí conduciendo y al llegar a su casa lo ayudé a entrar y luego en su recámara a desvestirse acostado en su cama.

Mi corazón palpitaba a mil por hora al ir descubriendo lentamente cada parte de su anatomía, primero fue su camisa y pude deleitarme la vista con su pecho y axilas peludas, un abdomen peludo y marcado, y el camino que lleva a la perdición.

Luego retiré los zapatos y los calcetines y sus peludos y blancos pies quedaron al descubierto, al final tragando saliva y ocultando mi erección, desabroché su pantalón de mezclilla y haciendo unas maniobras propias de un circo pude quitárselo, no sin antes dejar su ropa interior a medio bajar, por los jaloneos.

Una sexy pelambrera púbica quedó al descubierto cuando sus cachondísima y muy masculina trusa negra quedó a medio bajar.

Sergio dormitaba profundamente y yo acercándome lentamente a él comencé a acariciar su peludo pecho sintiendo la tibieza de su piel.

Rocé mis labios gentilmente por todo el vello de su cuerpo, sintiendo su aspereza, su suave tacto, y su aroma de hombre de campo.

Lo besé tiernamente en el cuello, pasando mi lengua a lo ancho y largo de su peludo pecho, le acariciaba suavemente sus genitales por encima de la trusa y podía sentir la calidez de sus gordos testículos, su verga comenzaba a despertar y cuando pude darme cuenta ya estaba mas dura que el acero, asomándose cachondamente fuera de su ropa interior.

Sergio me tomó con una de sus manos mi nuca y mi cabeza bajando suavemente hacia su ombligo, todo parecía indicar que mi maduro profesor deseaba una mamada a su verga.

Cuando estuve a tan sólo unos centímetros de su grueso pene, un aroma a macho caliente me inundó los sentidos, lo primero que hice fue saborear la piel de su peludo escroto con la punta de mi lengua, pasándola una y otra y otra vez por sus gordas pelotas y con una mano meneando suavemente su gruesísima verga erecta, y pude sentir con la punta de mis dedos el viscoso líquido pre seminal que babeaba abundante.

Sergio gemía calladamente de una manera tan masculina que pensé que yo mismo tendría un orgasmo, siempre me ha dado placer al darle placer a otros.

-mmmm ¡así mi vida!- jadeaba frenético en un paroxismo de placer, y mis errantes lengüetazos se volvieron mas y más agresivos por todo su escroto su verga y el camino que llevaba a la raja peluda de entre sus nalgas.

Sergio mordía la almohada y relamía su bícep derecho como queriendo besar a alguien en un total estado de excitación y movía sus caderas de arriba abajo como imitando una ruda penetración, yo por mi parte succionaba con toda mi alma su ensalivada verga.

Sobaba sus gordas pelotas y las lamía en su totalidad y luego volvía a su mojada verga y la mamaba con todas mis ganas saboreando el rico palo de carne.

Cuando Sergio anunció su venida me tomó por completo de sorpresa, pensé que todavía se tardaría un poco más y apenas estaba sacando mi propia verga de su encierro para poder masturbarme, cuando fuertes trallazos de leche blanca, espesa y ardiente, cayeron directamente en lo más profundo de mi garganta, aquél néctar divino sabía al mejor manjar del mundo, me devoré como loco su espesa leche cremosa y salada, y cuando mi maduro amante por fin terminó de venirse, yo aún continué un poco mas lamiendo y relamiendo su vibrante masculinidad peluda, limpiando cualquier resto de su pastoso semen.

Después de esto Sergio quedó completamente dormido, relajado hasta el último de sus fuertes músculos, se desvaneció inconsciente con los brazos y piernas abiertas en su cama matrimonial.

Yo me desnudé por completo y terminé de masturbarme con el sabor fuerte de su semen aún en mi boca, limpié la mancha y quise recostarme en su peludo pecho y dormité unos momentos, y esa primera sensación de su cuerpo peludo acariciado por mis manos, se quedó como una fotografía en el baúl de mis recuerdos.

Algo me despertó de pronto e incorporándome me percaté que Sergio aún dormía plácidamente, vi el reloj el cual marcaba las 5:36 de la mañana y luego de levantarme, encendí la pantalla de su computadora, para poder mandar un e-mail a mi hermano que lo checaba muy temprano en la mañana e informarle que me había quedado en casa de un amigo a dormir, para que pudiera avisarle a mis padres y estos no se preocuparan.

Pero antes, algo llamó mi atención era una carpeta llena con fotografías de culos de hombres de todo tipo: peludos y lampiños, rasurados, fuertes, musculosos, delgados, gordos y blancos.

Mis ojos no daban crédito a lo que veía, ¡Sergio tenía un fetiche por culos de hombres! Y luego de la espectacular mamada que me dejó regalarle, de pronto y para mi enorme alegría puse en duda su sexualidad.

Mandé el correo, apague la pantalla y regresé a la cama y abracé nuevamente al motivo de mis desvelos y fantasías.

Cuando sonó el teléfono al otro día, el sonido me despertó bruscamente y cuando busqué mi reloj para ver la hora, no podía creer que eran ¡las 7 de la noche! Me levanté asustado y vi que Sergio ya no estaba a mi lado, me vestí rápidamente y me dirigí al baño, luego me lo llamé por toda la casa y lo vi cómodamente sentado en la sala sin camisa y con unas largas bermudas viendo un partido de fútbol.

-Hola- atiné a decir aliviado de verlo en la casa, -hola- me respondió a secas posando brevemente su mirada en mis ojos, y al instante siguiente volviendo a dirigirla hacia la televisión.

-Se hizo tarde ¿eh?- volví a dirigirle la palabra, -si- contestó nuevamente sin ahondar en otros temas, -será mejor que te lleve a tu casa, tendrás cosas que hacer ¿no? ¿quieres darte un baño antes?- me preguntó por fin con una gran naturalidad.

Titubeé un torpe si, y me dirigí a su baño y me duché pensando en que decirle, si tal vez no recordaba nada de lo que habíamos hecho la noche anterior, o si estaba confundido, cuando estuve listo y totalmente limpio me presenté de nuevo ante él y ahora Sergio llevaba una camisa sin mangas de color negro dejando ver su hermosa alfombra peluda sobre su pecho y unos shorts del mismo color que contrastaban con su hermosa piel de leche.

-¿Nos vamos?- me preguntó impaciente, -si, vamos que es tarde- le dije abriendo la puerta de su casa y dirigiéndome al exterior.

La noche era estrellada y la luna se asomaba menguante de entre las nubes grises, que comenzaban a formarse, y me percaté de un halo de humedad, cuando el suave olor a tierra mojada halagaba mi sentido del olfato.

Nos subimos al auto sin hablar palabra alguna, y su silencio me estaba matando así que por fin me animé a decir:

-¿Sergio, te acuerdas de algo de lo que paso anoche? ¿qué opinas sobre eso?…. ¿recuerdas algo?…. mmmm ¿lo que sea?….contéstame por favor.

Sergio seguía manejando en silencio y cuando paró en un semáforo, no aguanté mas e inclinándome a su asiento lo besé tierna y tímidamente, él sin siquiera inmutarse con su mirada perdida y su boca cerrada no me apartó, sino que avivando mi desesperación dejó que lo besara, y de pronto comenzó a corresponderme cerrando sus ojos y me quitó el aliento con un beso profundo, apasionado y tan lleno de su alma.

Y casi al instante siguiente me apartó diciéndome que esto no estaba bien y que la noche anterior había tomado demasiado.

Continuó la marcha hacia mi casa y cuando llegamos a la puerta le dije que me diera otro beso que ya no podía vivir sin él y comencé a besar su cuello con desesperación chupándole levemente su masculina piel y con otra mano metiéndola por su playera sin mangas acariciando suavemente su velludo pecho.

Él jadeando de placer, se dejaba hacer y yo aprovechando la situación desabroche su short y al tocar por encima de su trusa mi corazón palpitó muy agitado al comprobar que tenía una hermosa y potente erección.

En eso me tomó con sus fuertes brazos por debajo de los míos e hizo sentarme encima de él, besándonos apasionadamente como si el mañana fuera un mito de leyenda.

Me quitó la playera y al descubrir mis rosados pezones los mordió fuertemente y luego los lamió delicadamente como reparando el castigo de sus dientes.

Siguió lamiendo mi cuello y pezones de una manera que me hacía gemir calladamente de placer, la calle enfrente de mi casa estaba oscura y vacía y eso nos daba abrigo y el escondite perfecto.

En un hábil movimiento nos cambió al lugar del copiloto y haciéndome subir al tablero, me sentó en él e hizo que me recargara sobre mis codos y desabrochó mi pantalón bajándolo con todo y trusa hasta mis tobillos y elevando mis piernas tomándolas por las pantorrillas mi rosado ojete quedó a escasos centímetros de su cara.

Él dándome una mirada lujuriosa por unos segundos, sacó la lengua y la posó directamente en mi palpitante hoyo rosadito y lampiño, sus lengüetazos iban en aumento y mi agujerito quedaba húmedo y más abierto cada vez, yo en estos momentos gemía como loco y arañaba el tablero, el toldo y todo lo que se me pusiera enfrente, estaba en el limbo del placer.

Con una mano mantenía elevadas mis dos piernas y con la otra se jalaba el tronco de su verga furiosamente mientras que su lengua hurgaba mas y más profundo la más secreta intimidad de mi agujero.

En eso me bajó a su regazo nuevamente y por unos segundos sentí la enorme cabeza de su gordo rabo tratando de penetrar mi culo y cuando siento que la punta de su gran cabeza entra borrando los pliegues de mi ano penetrándolo, Sergio mete su lengua en mi boca y por unos instantes sentí el sabor de mi propia raja del culo todavía presente en sus labios.

Y así sin más habiéndome penetrado con solo la cabeza de su verga Sergio me apartó de pronto y me hizo a un lado, y vistiéndose me dijo que me bajara del carro.

Yo confundidísimo me vestí rápidamente y saliendo por la puerta del copiloto Sergio se acercó a la puerta del volante donde me había quedado y la abrió, esperando que yo saliera y cuando lo hice rocé con mi boca delicadamente su cuello, Sergio se estremeció levemente y tomando el volante arrancó inesperadamente su auto, dejándome confundido, solitario en medio de la calle y caliente.

Su extraña actitud había dejado mi mente nublada y confundida, no sabía que hacer y espere unos instantes antes de darme cuenta que tenía un leve ardor en mi culo, que comenzaba a llover, que no sabía que podía oír los latidos de mi propio corazón, y que todos los pensamientos contradictorios de furia llegaban demasiado tarde porque estaba perdida e irrevocablemente enamorado de él.

“esta mañana ya no es igual, hoy no soporto sin ti despertar, duele mi miedo, tu indecisión, duelen las horas sin tu amor….pídeme tiempo para pensar, pero no; no te alejes.”

“atrévete a quedarte conmigo, yo te aseguro que soy tu destino….¡quédate conmigo!”

Eran las palabras de la canción “Quédate conmigo” de Janette Chao, las que me hacían abrir los ojos a la mañana siguiente después de un sueño profundo, provenientes del despertador de mi estéreo y concordaban exactamente con el estado caótico en el que se encontraba mi mente.

Me percaté sorprendido que una gran mancha de semen seca estaba en mi ropa interior, y recordando el sueño más hermoso que he tenido con Sergio, en el cual ataviado de una playera negra ajustada y jeans azules, llegaba por mí en una espectacular motocicleta nueva, y me hacía manejar su vehículo pegado a mis nalgas y sintiendo el palpitante bulto de su verga contra éstas, me hacía venir de una manera deliciosa.

Creo que mi cuerpo reaccionó a la gran calentura que mi maduro profesor había dejado en mi al no completar la relación sexual, dejando mi cuerpo y mis ganas bramando de deseo.

Toda el día de ese domingo me la pasé pensando en él, y el tiempo alternaba en secuencias de rapidez y lentitud, haciéndome perder la concentración de la tarea que debía entregar la mañana siguiente.

Al otro día al terminar las clases me decidí a enfrentarlo, venía caminando por un solitario pasillo, y al verme parado en el aula vacía pasó de largo sin saludarme y yo decidido le hable: -¡sé que sientes algo por mí! Ayer lo sentí en ese beso que me diste, ¿por qué te empeñas en negar tu sexualidad? ¿por qué la reprimes?- Sergio se detuvo en seco y continuó dándome la espalda por unos instantes.

Se volvió hacia mí y furioso me tomó de una de mis muñecas y sujetándome fuertemente me dijo: -¡porque esto no esta bien! ¡soy tu profesor, cabrón! ¡con una chingada! ¿no puedes simplemente dejar las cosas así? ¡me puedes meter en muchos problemas!-

-¿eso es todo lo que te importa? ¿los problemas que puedas tener? ¿y por eso vas a reprimirte? El sábado correspondiste a mis besos de una manera tan sincera que supe en ese momento que nunca te he sido indiferente ¡que también me deseas!-

-te recuerdo que soy mayor de edad, que nadie se tiene que enterar de esto, que tal vez podamos llegar a… – me frenó en ese momento mis palabras y de pronto me dijo:

-¿llegar a que? No sueñes niño, esto fue un error y no volverá a repetirse, ¡nunca pasó! ¿ok? Ahora déjame tranquilo y sigamos con la relación alumno-profesor como si nada ¿de acuerdo?- me dijo en un tono tan sincero y firme que reprimió la salida de una de mis lagrimas.

-¿De acuerdo?- insistió ahora de una manera más serena, con una angustia reflejada en su guapo rostro- de acuerdo- le contesté dándome la media vuelta y regresando a mi aula escuché sus pasos alejarse.

Pasaron los días y las semanas y Sergio llegaba a su clase y la impartía como si nada, pero de vez en vez cuando nos dictaba algún tema y yo agachaba la cabeza para transcribir sus palabras en mi laptop sentía su mirada taladrándome el alma.

Una tarde mientras escuchaba “Me cuesta tanto olvidarte” del grupo Mecano, en mi computadora, súbitamente recordé a mi alias olvidado “Gaby” y a la cuenta de Hotmail que creé con el propósito de enamorar a mi profesor, y cuando ingresé, mi sorpresa sería enorme al descubrir varios correos de Sergio sin leer.

Los abrí uno a uno rápidamente en el orden en el que llegaron y los devoré ansioso, y mi corazón latió fuertemente al leer en el último correo que extrañaba chatear conmigo y que cuando viera esto me conectara, ya que tenía que contarme algunas cosas de su vida y no sabía con quién desahogarse.

Esa noche me conecté usando el alias de “Gaby” y al poco rato lo hizo también mi amado profesor de Física.

La plática comenzó con los típicos ¿cómo estas? y te extrañe mucho, cuando Sergio se puso serio y me dijo que ojalá no me decepcionara por lo que iba a contarme, pero que había tenido un encuentro sexual con un chico 15 años menor que él, que se sentía confundido, que le costaba tanto decirme esto, pero que era una experiencia que lo había marcado.

Yo me quedé atónito a lo que estaban leyendo mis ojos, ¡mi corazón sentía que después de todo tal vez tendría una oportunidad con él! Y haciendo uso de mis mejores consejos psicológicos que mis 19 años podían permitirme hacer, lo escuché pacientemente, lo dejé desahogarse y por fin le dije que, si bien me sorprendía en gran manera, no era yo “la indicada” para juzgarlo y que lo mejor que podía hacer era hablar con “el chico” y hacer un esfuerzo por sincerarse con él mismo y definir su situación, a nadie le gustan las “ambigüedades”

Sergio siguió la platica, y se serenaba y sinceraba mas con cada momento que pasaba, y por fin me confesó que esa era la razón por la que se había divorciado de su mujer, ya que en su adolescencia tuvo algunos encuentros homosexuales y que esos “placenteros” recuerdos lo perseguían al punto de volverse loco.

Ella por supuesto no lo perdonó, y lo abandonó hace años, y que ya siendo soltero no se animó nunca a volver a tener nada con otro hombre hasta que conoció a mi “tocayo” Gabriel.

También le contó que recientemente salía con una mujer llamada Lila, y que no sabía porqué diablos trataba de enmendar su camino con ella, si sabía perfectamente que aunque le atraía sexualmente también lo hacían los hombres y que no podía soportar el hecho de que estaría muy tentado a engañarla con alguno si su relación se formalizaba, así que había decidido hablar con ella y terminar su romance.

Yo comportándome como “una buena amiga” lo dejé hablar por horas hasta que las 4 de la mañana nos sorprendieron y al despedirnos nos fuimos a dormir, yo con una enorme sonrisa en mi rostro.

El final del ciclo escolar al igual que mi cumpleaños se acercaban, y decidí organizar con unos amigos una fiesta para celebrar mi onomástico y el final de cursos.

Dos días antes de que finalizara el semestre, llegué al escritorio donde estaba Sergio sentado revisando unos exámenes y sin decirle nada le dejé una invitación para ese fin de semana con motivo de mi fiesta, él sorprendido la tomó en sus manos y yo con una sonrisa le dije que esperaba que fuera y salí del salón.

Junto con unos buenos amigos organizamos mi fiesta en casa de uno de ellos y ese día ultimando detalles, inflábamos globos y acomodábamos los snacks en las mesas.

“Give it to me” de Madonna retumbaba en toda la casa, cuando los invitados comenzaban a llegar.

Sinceramente jamás imaginé que Sergio fuera a ir a mi fiesta, una cosa era lo que le había contado a “Gaby” y otra muy diferente que algún día se animara a hacerlo, así que traté de divertirme sin la sombra de su recuerdo por una noche.

Y de pronto cruzando la puerta del jardín llegó corriendo con un regalo en sus manos y usándolo como protección para los aspersores de agua que en ese momento se encendieron mojándolo suavemente.

La escena la viví como en cámara lenta, viendo la totalidad de este hombre representando para mi la perfección masculina.

Sonriendo llegó apenas mojado y riendo ambos nerviosos sin saber que decir, tan sólo atinó a regalarme el mas increíble de los abrazos, enloqueciendo mis sentidos, y atesorando ese bello momento hasta el final de mis días.

Y así como así, le gente iba y venía al ritmo eterno de la música, los tragos, las risas y cuando Sergio me regaló la mas hermosa de las sonrisas desde la mesa de bocadillos donde platicaba con unos alumnos, pensé que la vida no podía ser mejor, viví uno de los mejores cumpleaños de mi vida.

Estaba a punto de ir a su lado y tal vez poder platicar sobre nosotros cuando la presión de una fuerte mano contra mi boca y otra contra mi cuello sujetándome, hizo desorbitar mis ojos de miedo, cuando comenzó a empujarme hacia un cuarto alejado del resto de la casa y un atemorizante shhhhh me indicaba que esto no era una broma…

Ocurrió poco después de cumplir los 11 años, mis padres debieron descuidarse y no se percataron cuando resbalé y caí en la parte profunda de una alberca en ese balneario de la ciudad de Monterrey, al que habíamos ido de vacaciones.

Recuerdo estar sumergido y tocar el fondo con mis pies y tratando inútilmente de aferrarme a algo que pudiera sacarme a flote, cuando de pronto unos brazos cálidos me sujetaron fuertemente y me jalaron hacia ellos, y al sacarme a la superficie, mis pulmones inhalaron abruptamente el aire que se les había negado, confortando súbitamente mi atormentada alma.

Debieron pasar tan solo unos segundos, pero me pareció una eternidad, mi entera y corta vida pasaron ante mis ojos por unos segundos, y cuando alcé la mirada lo primero con lo que me topé fue con la sonrisa y los ojos alegres de un guapo joven de veintitantos años con un pequeño lunar debajo de uno de sus ojos.

Cuando me incorporé al lado de la piscina donde este joven me había res**tado, no pude evitar contemplar absorto la fina capa de vello que su incipiente juventud le regalaba en el pecho a este bello ejemplar masculino.

Y casi inmediatamente descubrí en ese momento que yo no era un chico como cualquier otro….yo era….bueno, diferente.

Mi madre corrió en llanto a abrazarme, haciendo que una pila de gente se amontonara curiosa alrededor nuestro, y mi padre le daba las gracias a este taciturno pero bello joven que me había res**tado.

Al poco rato y en motivo de agradecimiento, mis padres invitaron a comer a este chico en un puesto de comida rápida del balneario, y por insistencia de mi madre al terminar la comida, le pidió al joven dejarse retratar con ellos y conmigo en uno de los puestos de recuerdos que había en el lugar, mi progenitora mandó hacer dos copias y le entregó una de las fotos al joven, enmarcada en un cursi llavero con forma de corazón.

Creo que fue el momento más embarazoso de mi vida.

Es curioso las cosas que vienen a tu mente en momentos de crisis, y éste sin duda era uno de ellos, porque no podía sentir mis manos del frío que me rodeaba, y mis pies comenzaron a entumirse y sólo unos segundos antes de perder la conciencia y dejar de luchar, los brazos que me sacaron de aquella piscina, parecían ser los mismos que ahora me sacaban del auto inundado, y esa blanca e intensa luz se encendió de pronto….

-¡Enciende la luz Saúl!- le gritó el hombre que me tenía amagado con su mano sobre mi boca y con su otra mano sobre mi pecho presionándolo, a otro chico que se encontraba en una alejada recámara de la casa donde festejaba mi cumpleaños.

Y cuando esa intensa luz se encendió obligándome a entrecerrar por un momento mis ojos, pude girar la cabeza un poco y darme cuenta que el tipo que me sujetaba era Luis, mi celoso ex – amante.

Luis me empujó frente a la cama donde se encontraba su amigo Saúl semidesnudo, y éste me sujetó rápidamente de nuevo, mientras Luis comenzaba a desnudarse.

-Sé lo que intentan hacer, pero no creo que su plan les funcione, ¡estamos en la casa de Gera, mi mejor amigo! ¿en verdad creen que me van a obligar a tener sexo con ustedes en la casa de mi mejor amigo sin que él se entere y venga a ayudarme?- les dije con un aire retador muy seguro de mis palabras.

-Es que nadie piensa obligarte a tener nada que tu no quieras putito, sé que te encanta mi verga- respondió Luis sacándose su erecto y peludo miembro del pantalón.

E inmediatamente su amigo acercó una botellita de Poppers a mi nariz, haciendo que un inusual y rápido efecto se apoderara de mí, poniéndome muy caliente.

Me hizo inclinarme ante él y acercó mi cabeza con una de sus manos a su entrepierna y un aroma a macho sudado penetró mi olfato, Luis era testosterona pura.

Alcancé a sacar mi lengua y lamí un peludo y gordo testículo y Luis dejó escapar un fuerte gemido de placer.

Mi lengua recorría golosa aquellos dos gordos y peludos testículos cuando de pronto la puerta se abrió.

-¿Qué hacen aquí?- preguntó Gera mi mejor amigo, al darse cuenta que mis agresores se vestían rápidamente.

Yo intenté incorporarme pero resbalé y Gerardo me tomó por los brazos ayudándome a ponerme de pie.

Mi amigo al comprender la escena de pronto les dijo: -Ustedes no tienen invitación Cabrones, ¡lárguense de aquí o le hablo a la policía!-

Los dos tipos ya listos salieron por la puerta, pero antes Luis se detuvo y me dijo, que esto todavía no acababa, que ya me las arreglaría con él mas tarde, a final de cuentas no estaría por siempre en la casa“del mariquitas” de mi amigo.

Y al final Luis espetó: -no te hagas el que no te gusta pinche putito, mi verga te fascina, ya nos veremos después-

Gera intentó preguntarme que había pasado pero sin dejarlo hablar tan solo pregunté: -Sergio, ¿dónde esta Sergio?- mmm está en el jardín platicando con los del salón, ¿quieres que….?- no alcanzó a terminar su frase, cuando yo saliendo por la puerta, me dirigí a buscar desesperado al dueño de mis desvelos.

Me acicalé un poco en el baño y después lo llamé al salir al jardín.

Él percatándose de mi presencia, al salir por la puerta trasera, me sonrió tímidamente, pero aún siendo indiferente y estoica su sonrisa, hizo entibiecer mi interior, y un hondo suspiro salió de lo profundo de mi garganta.

Estaba a punto de hablar pero mi profesor me interrumpió: -¡Felicidades Gabrielito! ¡muchos días de estos!- terminó de decirme dándome un fuerte y cálido abrazo.

Algo en su abrazo me intrigó, no era el Sergio de antes, sin embargo tampoco era diferente.
Y en ese momento mi mente divagó pensando que mientras más cambian las cosas, más siguen igual.

-este…. mmm…yo quiero decirte que….

Ambos estábamos ansiosos y nerviosos, y Sergio notando que yo tenía menos vulnerabilidad que él ante la adversidad de poder enfrentar el declararme Gay abiertamente, él aún no sinceraba sus sentimientos, así que interrumpiéndome secamente mi amado profesor me dijo: -¿Quieres ir a montar en bicicleta mañana?-

-Claro- contesté cambiando mi sonrisa a una serena y llena de alegría.

La fiesta siguió su curso normal llena de risas tímidas y secretas, señales recíprocas de ternura y miradas que lo decían todo, y por un momento olvidé el mal rato que me había hecho pasar Luis y su amigo Saúl, o eso trataba de convencerme a mí mismo….¿en realidad ya no deseaba a Luis y su masculina presencia? El haber saboreado el aroma intimo de las peludas bolas de Luis me decía otra cosa.

Al día siguiente con un cielo nublado y melancólico sobre nuestras cabezas, Sergio y yo emprendimos la marcha hacia las llanas praderas que conducen a la cuenca de un río, para ejercitarnos un poco en bicicleta y admirar el bello paisaje.

Ninguno de los dos quería tocar el esquivo tema que ambos sabíamos tendríamos que hablar tarde o temprano, y el camino de terracería, plantas y pequeños a****les salvajes eran testigos de nuestro silencio.

Por fin el hielo se rompió gracias a una pequeña piedra que no vi y me hizo caer de la bicicleta de montaña, provocando unos raspones sin importancia, pero un gran hoyo en la parte trasera de mi licra de ejercicio, y cuando me levanté dándole la espalda a Sergio éste rió al darse cuenta que debajo de la descosida tela no traía ropa interior, así que lo primero que vio fue la raja de mi culo en todo su esplendor.

-ja-ja-ja ¿no usas ropa interior, o sólo querías provocarme?- Sergio rió de buena gana al comprobar que estaba yo desnudo bajo la delgada capa de tela de la licra.

Yo ruborizándome no le di importancia al suceso subiéndome de nuevo a la bicicleta, y me di cuenta que por primera vez y sin tener la mínima intención de provocar a un hombre, me había apenado de enseñar mi bien formado trasero y la raja de en medio.

El camino se hizo entonces placentero, delicioso y tremendamente disfrutable, y yo gozaba y reía plenamente de cada comentario o chiste de Sergio y sentía que un hermoso vínculo amenazaba en formarse.

Y entonces venida de lejos, anunciando a la pradera su refrescante caricia, la lluvia bajó suavemente hacia nosotros, y aumentando su potencia, nos obligó a refugiarnos bajo las protectoras y verdes ramas de un hermoso y antiguo árbol.

Un fuerte e impetuoso viento nos golpeó proveniente del norte, el frondoso árbol no era suficiente abrigo para enfrentar el violento temporal, así que Sergio me abrazó fuertemente y al sentir la calidez de su cuerpo, el vacilante dejo de su masculina loción y el roce de su delicioso aliento sobre mi cuello, me sentí libre, protegido, y lleno de un intenso afecto que emanaba de cada fragmento enamorado de mi piel.

Y así como llegó, el temporal comenzó a amainar repentinamente, y al descubrir que el peligro había pasado, ambos quedamos sorprendidos, por un extraño y reconfortante sentimiento que impedía que nos separáramos.

Sergio me miró a los ojos alejando su varonil rostro del mío y me dijo suavemente en medio de la serena y verde pradera, y el taciturno cielo triste y gris:

-Es algo indescriptible, pero siento que ya nos conocíamos de otra vida o… algún otro lugar, y no quiero que esta paz y ternura que brindas a mi alma desaparezca nunca-

-Tienes una sonrisa que me recuerda memorias de mi infancia, donde todo era brillante como el mas azul de los cielos, y desde que te conocí y miré tus ojos por primera vez, me recordaron a mi mejor amigo de cuando tenía 12 años y corríamos a ese lugar especial, una ranura en el tronco de un árbol enorme, donde solíamos escondernos y protegernos en días malos como éste, o cuando nuestros padres nos reprendían y huíamos de casa-

-Él era menor que yo, y sus padres lo trataban muy mal, yo sólo quería protegerlo….como sólo quiero protegerte a ti…esa necesidad me trasmites, y yo…yo quiero hacerlo, quiero que….me dejes cuidarte, o tan sólo…déjame estar contigo, por favor bonito…-

Sus hermosas palabras hicieron delirar con un fuerte temblor hasta el mas recóndito de mis huesos, y mis ojos se humedecieron de una inmensa felicidad, mi corazón desbordaba amor, un fuerte, grande y sincero amor.

Volvimos a abrazarnos pero ambos sabíamos que al soltarnos, no volveríamos a ser los mismos nunca más.

La lluvia comenzó a tomar fuerza nuevamente, y decidimos jugárnosla y correr hasta la carretera, tomando nuestras bicicletas con una mano y con la otra cubriéndonos con unas ramas secas nuestras cabezas.

Era muy peligroso montarnos en las bicicletas y pedalear hasta la ciudad, así que protegiéndonos bajo otro árbol que estaba al lado de la carretera, hacíamos la señal de “aventón” a cada auto que pasaba, con la esperanza de que pudieran llevarnos de regreso.

Luego de varios intentos por fin una camioneta grande de dos cabinas y con la parte trasera llena de cosas como bicicletas, kayaks, remos, casas de campaña y artículos de cocina se detuvo y el conductor un joven como de veintitantos años, se ofreció a llevarnos.

Sergio y yo subimos nuestras bicicletas en la parte trasera de la camioneta haciéndoles espacio entre tantas cosas, y al intentar subirnos en los asientos traseros de la camioneta descubrimos que había muchísimas cosas mas, dejando libre tan sólo un asiento, por lo que tuve que sentarme y viajar encima de las piernas de Sergio.

En la cabina había dos chicos jóvenes, más el conductor, que según nos dijeron venían recorriendo México, acampando en cada bonito lugar que encontraban, estaban algo amontonados, pero muy alegres, y al quedar claro el lugar donde nos bajaríamos, que estaba a mas de una hora de distancia (y por el temporal, sería un poco mas largo) los chicos volvieron a subir el volumen de su música y a ocuparse de sus asuntos.

De pronto siento los dedos de Sergio acariciando suavemente la raja de mi desnudo culo a través del agujero que tenía en mis shorts de ejercicio, arrancándome un leve suspiro y haciendo apretar mis dientes.

Continuó disimuladamente masajeando mi culo, hasta ir cada vez más adentro, deteniéndose solo para ensalivar discretamente sus dedos, y vigilando que los chicos siguieran en su rollo.

La parte trasera de la camioneta estaba algo oscura y las cosas que teníamos al lado por montones ayudaban a darnos refugio para el excitante encuentro sexual que Sergio y yo íbamos a vivir por primera vez.

En un hábil movimiento Sergio bajo su licra hasta los tobillos y pude sentir la tibieza de su gruesa verga palpitar dura como piedra por entre mis desnudas nalgas.

Pude sentir también la maraña de necios y abundantes pelos negros de su pubis que cosquilleaban en mi trasero.

Sergio frotaba callada y disimuladamente su verga por mi raja, fingiendo mirar distraído por la ventanilla, y yo haciendo mi parte vigilaba que los chicos no se dieran cuenta de nuestras acrobacias sexuales.

Mi maduro amante encontró una botellita de aceite para bebé entre las cosas de los vacacionistas, y humedeció su palpitante y peludo pene erecto.

Se inclinó suavemente en mi oreja derecha y susurró apenas con un sonido perceptible:

-¿Quieres que te la meta aquí delante de estos chavos bebé?- mi respuesta fue un callado gemido que traducido del idioma del deseo, podría interpretarse como un sonoro y desesperado ¡sí!

Sentí la punta de sus dedos lubricar con el aceite de bebé mi culo, e introduciéndolos uno por uno me hacía casi llorar de placer, un muy reprimido gemido anunció de pronto la punta de su gruesa cabeza penetrar mi dilatado culo.

-¿todo bien, chavos? Ya falta poco más de media hora para llegar- preguntó girando la cabeza uno de los chicos que venían en la cabina, y yo ahogando un fuerte gemido, con mi cara roja y mi mirada perdida, contesté un tímido “si, gracias”, y volviendo a girar su cabeza a su lugar el joven regresó a su música con sus amigos, sin imaginarse que yo estaba totalmente penetrado por la gruesa verga de mi maduro compañero.

Con cada rebote por una piedra o un tope del camino, la verga de Sergio se hundía cada vez más en mi atormentado culo, y mi amante ayudaba a esto con sus suaves pero firmes movimientos de pelvis que me tenían en la gloria.

Sergio gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche.

Mi amante se había transformado en una fiera salvaje, que solo vociferaba palabras cachondas y un sin número de ¿te gusta nene? ¿te gusta mi vergota en tu culo verdad? Y yo solo podía disimular cuanto podía, ya que el nerviosismo de ser descubiertos me tenía algo preocupado, pero totalmente caliente.

-uh ¿hace calor no chicos?- preguntó Sergio de pronto a nuestros compañeros, quitándose la camisa y dejar al descubierto el rebele vello de su masculino pecho.

-si, es por el bochorno de la lluvia- contestó uno de ellos con cara de interrogación.

Ahora Sergio estaba totalmente desnudo en la parte de atrás, y recargando uno de sus brazos por encima del asiento, pude sentir el aroma masculino de su axila transpirada.

Los vellos de su pecho me hacían cosquillas en mi espalda desnuda, ya que Sergio también disimuladamente me había levantado la parte trasera de mi playera, y su verga erecta no perdía un ápice de dureza, mientras seguía taladrando mi culo, y el poseedor de semejante herramienta para coger, miraba distraído por la ventana, como si nada estuviera sucediendo.

Los chicos se detuvieron en un mini súper a comprar bebidas y nos preguntaron que si queríamos algo, a lo cual contestamos que no, y bajando ellos tres de la camioneta, estoy seguro que se extrañaron de que no hubiéramos querido bajar y estirar las piernas, viendo que también estábamos “misteriosamente” llenos de sudor.

En cuanto se bajaron de la camioneta, y aprovechando que la lluvia seguía cubriendo nuestra excitante sesión sexual en medio de extraños, Sergio giró mi cabeza y me besó apasionadamente al tiempo que con sus manos abría más mis piernas y aceleraba sus movimientos.

Yo echando mi cuerpo y mi cabeza hacia atrás del asiento, comencé a tener un orgasmo, y mi semen escapaba filtrándose a través de la delgada tela de mi licra, y en ese momento mi maduro amante, vació toda su leche en mi interior con un fuerte y gutural gemido, al tiempo que mordía ferozmente mi cuello, dejándome la marca de sus dientes.

Estábamos respirando agitadamente, cuando los chicos regresaron riendo, y pararon en seco sus risas, al comprobar que un olor a sexo estaba en el ambiente y viendo nuestros rostros ruborizados y sudorosos, hicieron el esfuerzo por continuar como si nada, no sin antes percatarme de que uno de ellos le decía a otro cosas en secreto.

Llevábamos poco de estar nuevamente viajando en carretera cuando siento que la verga de Sergio perdía dureza y se encogía, saliendo de mi adolorido culo que comenzaba a estrecharse de nuevo.

Luego de esto Sergio me pidió secretamente que me levantara un poco para subirse de nuevo el short de licra y regresamos a la normalidad, pero ahora reíamos en secreto de nuestra desquiciada y excitante aventura sexual que habíamos compartido.

Al llegar a nuestro destino, Sergio fue el primero en bajar y yo esperé unos segundos para que se pusiera de nuevo la playera y al ir Checo a la parte trasera de la camioneta a buscar nuestras bicicletas, uno de los chicos se volteó hacia mi desde su asiento y me dijo antes de que yo bajara:

-¡que palote se aventaron! ¿eh cabrones?, me tenían con la verga dura como de piedra y ¡tuve que jalármela y vaciarme en el baño del mini súper!-

y en eso el chico de al lado lo besó sensualmente y me dieron su tarjeta, despidiéndose y diciéndome que les encantaría que algún día los acompañáramos de campamento.

Yo salí con la tarjeta de la camioneta en shock, y cuando arrancaron, le conté todo a Sergio y éste sin más se echó a carcajadas como un chico de secundaria.

Esa noche Sergio me invitó a quedarme en su casa, y pasamos la noche juntos y abrazados después de haber hecho el amor 2 veces más, una en el baño y la otra sobre la alfombra de su sala.

La suave y fresca brisa, arrulló mi mente, sintiendo la suave fragancia que emanaba del velludo y cálido cuerpo de mi amante que se confundía y mezclaba con el nostálgico aroma a tierra mojada.

Poco después me enteré de que mis padres se iban un mes entero a visitar una tía hermana de mi madre que estaba en el Paso Texas, por lo que me quedaría solo en casa, y Sergio se le ocurrió que podría pasar ese tiempo viviendo en su casa, así que tomé mudas de ropa y mi lap top y me instalé feliz en la residencia de mi amado novio.

Pasamos un verano de lujo, visitando antros, fiestas y reuniones con amigos, comimos del deseo que provocaban nuestros cuerpos desnudos en las noches calurosas y bebimos de la alegría de nuestros corazones recién comprometidos.

La noche de ese viernes, el fin de semana anterior al re-inicio de clases y después de hacer violenta y apasionadamente el amor, Sergio se pasó largo rato acariciando mi desnudez y yo dormido sobre casi todo su cuerpo, me sentía en el paraíso.

Sentí que se incorporó después de un rato al baño, y luego de eso me quedé profundamente dormido, no abrí los ojos sino hasta la mañana siguiente.

Lo primero que recuerdo al abrir mis ojos fue una nota amarilla pegada al monitor de mi computadora, mi somnolencia fue desapareciendo al ir descubriendo señales de que Sergio se había ido para siempre: su closet vacío sin ninguna maleta, su celular apagado y en la cocina el refrigerador sin alimento alguno.

Regresé a la recámara y al leer sus palabras dejadas en esa nota, mi respiración se volvió agitada y mi vista amenazó con nublarse, mi cabeza estallaba en una fuerte migraña de la cual deseaba no salir jamás…

Mi vida fue otra luego de tu cuerpo, tu piel solía hacerme llorar, lloraba en secreto la pena ardiente de mi ambigua existencia.

Nunca quise esto, nunca lo quise para mí, nunca supe resguardarme de tu viento, tu energía, tu alegría me atrapaban….solo quería beberme la espontaneidad de tu alma.

La ruta que va a tu cuerpo se apagó…¿cómo pudiste hacerme esto? Al principio…no entendía lo que estaba viendo, ¿cómo pudiste hacerte pasar por Gaby y engañarme todo este tiempo? Yo creí en ti, disculpa no fue mi intención husmear en tu lap top, no sé que decir….

Espero que entiendas lo difícil que todo esto ha sido para mí, no fue fácil aceptar, esto que me devoraba las entrañas.

No tiene caso decírtelo porque ya lo sabías ¿no es así? “Gaby” debió contártelo, mi ex esposa descubrió mis verdaderas inclinaciones, no pude salvar mi matrimonio.

Luego de eso viniste tú, una fuerza inexplicable me avisó que eras mi destino, pero ahora….

Tu… no, ¡nunca quise esto! Pero yo confíe en ti…no me busques por favor, es muy duro, solo fui tu juguete, no puedo confiar más en ti.
Viniste, trajiste la calma y encendiste mi cuerpo, fuiste matando poco a poco lo muerto, me hubiera gustado ser…tu última memoria terrenal, pero hoy te desconozco, no quiero volver a verte, aléjate de mí Gabriel, yo sabré encontrar mi camino, aunque para ti puede ser muy tarde.
Sergio D.
No necesito describir, cómo estas punzantes palabras, hirieron haciendo jirones mi destrozado corazón.

Quise salir corriendo a buscarlo, pero no sabía a dónde, y mis lágrimas humedecieron con manchas oscuras la nota, desbaratando sus calcinantes palabras.

Fue el peor fin de semana que jamás haya vivido nunca.

El lunes el director de carrera me informó que debido a un imprevisto, Sergio se había regresado a su ciudad natal, Monterrey, y que ya estaban buscando sustituto.

En ese momento, corrí al centro de cómputo y de inmediato tecleé un correo electrónico a mi amado Sergio.

Quisiera explicarte tantas cosas, pero sé que este no es el momento, nunca fue mi intención lastimarte, si. Inventé a Gaby, con el único motivo de conocerte más a fondo.

Y si gracias a ella nos unió el destino, me gustaría que fuese real para conocerla y abrazarla con todas mis fuerzas, porque nunca terminaría de agradecerle.

Por favor…. dime dónde estás, no te alejes así, podemos remediarlo… pero si es tu deseo alejarte ahora, lo respetaré apretando los dientes, y si algún día decides regresar te suplico:

¡déjame lloverte en colores! ¡quiero morirme en tus brazos! ¡estoy desesperado! Te amo…

Gabo.

Luego de esto, jamás recibí respuesta….

Los meses se me escapaban del calendario con mucha prisa, pronto llegó el invierno y las hojas de los árboles caían por el intenso viento helado, y sus inertes cuerpos en el suelo hacían entristecer mi alma, al igual que su inesperada despedida que aún calaba hondo.

Por fuera era una persona normal, pero por dentro aún buscaba la manera de enseñarle a mi corazón a decir adiós.

A un año de terminar mis estudios me ofrecieron la oportunidad de tomar una vacante en la ciudad de México, y continuar simultáneamente la carrera en otra institución.

¿tenía alguna razón para quedarme? Probablemente muchas, pero no encontraba ninguna.

Así que con tan solo unas cuantas valijas, una despedida con familiares y amigos, y tu recuerdo, encendí el auto y emprendí el largo camino hacia mi nuevo hogar, y por momentos siento que el sentimiento me asfixia, quiero detener el auto, pero ya es muy tarde, no tengo a donde huir de tu presencia.

El día tampoco me ayuda, frío y lluvioso, no hay nada que no me recuerde a ti, ese hermoso árbol viejo, los ríos transparentes como espejos que adornan el camino, me siento muy solo, ¡te necesito!

Y ahora al doblar en una curva se vislumbra una presa, tal vez sea nueva no viene en el mapa, debo cruzar un frágil puente donde algunos obreros tratan de hacer su trabajo a pesar de la fuerte lluvia, y el nivel del agua se ve peligrosamente alto, no quiero acordarme de ti, ¿por qué simplemente no te vas y me dejas solo? Es claro que jamás podré volver a verte.

Vengo pasando esa presa a mi izquierda, ya pronto todo pasará y estoy seguro que encontraré ese camino para volver a ser feliz, no se ha terminado nada, la vida se compone de pérdidas y despedidas.

¡No! ¡debo retroceder! ¿qué estoy haciendo? Debo luchar por él, estoy girando el volante, las llantas rechinan, ¿qué es ese sonido? ¡un derrumbe! Una enorme piedra golpea mi auto, las personas allá afuera me gritan algo ¡no puedo escucharlos! Trato de tomar de nuevo el control del auto, pero ya es tarde, me estrello contra un frágil barandal, la caída es rápida, el auto flota unos segundos después del impacto.

¡Estoy asustado! ¡Dios! ¡ayúdame por favor! Otra roca cayendo de pronto, hace golpearme la cabeza contra la puerta, recuerdos…inundan mi mente como el agua inunda la cabina de mi auto, el día que debía presentar un examen final esos últimos días de verano, la ocasión que Sergio llegó con Lila a esa fiesta, la noche en que le confesé mi amor por él, un joven res**tándome de esa alberca cuando tenía 11 años…pierdo la conciencia, solo alcanzo a ver unos brazos ¿es…Sergio? Y una luz mucha luz…..

Tenías razón…. mi última memoria terrenal fuiste tú…

Despierto confundido con una venda en mi cabeza y un dolor punzante en mi brazo derecho, mi madre esta ahí y se alegra tanto de verme conciente que avienta una taza de café negro al piso y me abraza sollozando.

Mi mamá me cuenta que estuve 4 días en un c*** inducido, los doctores dijeron que si había alguna lesión cerebral ésta sanaría más rápido si me encontraba inconsciente.

Y ahora un profundo sueño, me devuelve a los brazos de Morfeo, sólo quiero dormir, y no sé cuando volveré a despertar.

Por fin después de dos semanas inconsciente, recupero el sentido, algunos amigos están ahí, mis padres por supuesto, un primo lejano, e ingenuamente busco el rostro de Sergio de entre la gente, ¡que tonto! ¿por qué razón estaría él ahí?

En eso suena el teléfono de mi habitación mi madre contesta y enseguida me pasa el auricular, -¿hola?- pronuncié esperando una respuesta, pero del otro lado sólo se oía estática y un sonido sordo y seco, y ahora la línea se corta y yo cuelgo el teléfono.

Pasan unos minutos y suena un celular, la melodía me es familiar y mi padre me lo pasa de entre mis cosas, leo el nombre del que llama en la pantalla y…¿será posible? De pronto el eco de las felices voces que toda la tarde inundaron mi cuarto de hospital, se callan en mi mente al saber emocionado que Sergio me estaba llamando.

Su voz denotaba alegría por saber que estaba bien, tuvo que regresar por una papelería al instituto y alguien le contó de mi accidente y que estaba convaleciente en ese hospital.

-Sentí inmediatamente que debía llamarte, o preguntar…como estabas, no sabes la angustia que sentí al enterarme, ¿ya estas mejor? ¿puedo ir a verte?-

No supe que contestar, el amor de mi vida me había vuelto a buscar, a pesar de todas las cosas malas que había hecho, y ahora pedía verme.

-Cla-claro que sí, es lo que mas quiero en el mundo- le contesté emocionado y me prometió visitarme el lunes a primera hora, mi espíritu se llenó de regocijo.

El día lunes amanece sereno en el hospital, la tenue luz del nuevo día entra por mi ventana, escuchando “The reason” de Hoobastank en mi reproductor portátil, me siento afortunado de despertar al nuevo amanecer y que la vida me haya brindado la oportunidad de tal vez…regresar con él.

Mi madre durmió aquí toda la noche y esta cansada, antes de despedirse se sienta en mi cama y platicamos un poco y cuando está a punto de retirarse, Sergio entra puntual por la puerta y siento que el corazón me estalla de felicidad, tan sólo quiero abrazarlo.

Mi madre lo saluda y después de un rato nos deja solos, Sergio se sienta en el mismo lugar que hacía unos minutos estaba sentada mi madre sobre mi cama, y comenzamos a platicar de trivialidades y de mi accidente.

-Me cuentan que me res**taron esos obreros que trabajaban en el puente, solo recuerdo haber caído y golpearme la cabeza, uno de ellos se lastimó una pierna y estaba hasta ayer en este mismo hospital, y fue el que le contó todo a mis padres-

-Que afortunado fuiste de que alguien vio el accidente y te res**tó, si el lugar hubiera estado solo, tal vez ahora no la contabas Gabo, ¡que contento estoy de que estés bien!-

Suena el celular de Sergio y éste se incorpora para contestar, y el sonido de unas llaves se escucha caer al piso.

Al terminar su llamada Sergio recoge las llaves y reconozco que son de mi madre debió haberlas olvidado, mi profesor esta a punto de entregármelas pero algo en un llavero llama su atención, y perplejo con una cara increíble de asombro me pregunta impresionado:

-¿Porqué tu madre tiene una foto en este llavero conmigo?- me pregunta impactado, -¿qué dices? ¿quién eres tu?- le pregunto aún mas extrañado que él, -¡Soy este chavo que está en medio de tus padres con las manos sobre este niño! ¿eres tu? Gabo….¿¿eres tú??

-¿Qué? ¡enséñame eso!- y al pasarme el manojo de llaves busco impaciente el que contiene el llavero con la foto de Sergio -¡SÍ! ¡soy yo! ¿tu eres este chavo que tiene sus manos en mis hombros? ¡tú me res**taste! ¡esto es increíble!-

La enfermera de pronto nos interrumpe para cambiarme el suero y nos dice divertida: -haciendo campo chicos, ¿les comió la lengua los ratones? Parece que vieron un fantasma, ¿qué estoy tan fea?-

Y al unísono Sergio y yo soltamos una gran carcajada, haciendo que la enfermera se quedara intrigada del motivo de nuestra risa.

La realidad supera la fantasía, vivimos en un mundo pleno de coincidencias y sucesos inexplicables que la ciencia jamás podrá catalogar en alguna disciplina.

Seguimos sin palabras, tan solo sonriendo y temblando de impresión por semejante coincidencia, la vida esta llena de sorpresas.

-¡Debí haberte reconocido!, ¡por eso sentía que ya te conocía de algún lugar!-

-Este mismo llavero lo tengo yo, sólo que se me perdió cuando me mudé a esta ciudad y no lo encuentro, debe estar por ahí en alguna caja-

-Sí, recuerdo que mi madre mando hacer dos copias, pero honestamente, lo había olvidado por completo, ¡aún no puedo creerlo!-

Decidí no ahondar más en el asunto del llavero y recitarle la gran coincidencia cósmica que este extraño suceso me parecía y que deberíamos estar completamente seguros que el destino nos quería juntos, por que sé perfectamente que él sentía lo mismo.

Al despedirse, sólo atina a abrazarme y a decirme que pronto todo estará bien, y que me llamará cuando este de regreso a mi vida normal.

Al pasar los días mi recuperación se vuelve completa, y es tiempo de regresar a casa.

Suena el teléfono una tarde aburrida de sábado, viendo algún tonto programa de caricaturas y contesto:

-¿hola?, ¡que onda peque! ¿cómo sigues?- me pregunta Sergio del otro lado del teléfono -¡eit! Ya mejor gracias, ¿qué onda?- nada peque, me voy a quedar unos días aquí y pensé que sería bueno que nos viéramos, ¿quieres ir al cine?- estaría muy bien, ¡y que bueno! Porque estaba algo aburrido- ok ¿a las 7 te parece bien que pase por ti?, si está perfecto, a esa hora nos vemos-

y en cuanto cuelgo el teléfono y sintiendo estallar mi corazón de gusto, me levanto a tomar un baño y a cambiarme porque falta una hora para que Sergio llegue.

Al llegar Sergio luce guapísimo, con su ya clásico corte casi a rapa, sus ojos miel, una camisa negra ajustada al cuerpo que hace lucir muchísimo sus bien trabajados y velludos brazos, y por primera vez al acercarme más a él con una enorme sonrisa, noto unas indiscretas canas en los vellitos de su sexy barba de 3 días, él es un sueño….es perfecto para mí, lo que siempre había deseado.

Siento en su trato una calidez diferente, me trata como un valioso tesoro, y lo demuestra, me sonríe, me mira a los ojos de vez en cuando mientras maneja, me provoca, me toca una pierna, me acaricia el rostro.

Llegamos al cine la película no es tan buena, pero la compañía lo vale, y cuando estamos a mitad de la proyección Sergio me guiña el ojo y me dice que lo acompañe, yo sigiloso y discreto lo sigo de cerca.

Entramos al baño y me besa de pronto, me succiona la boca con fruición, me muerde delicadamente, y siento por un momento que su beso esta sellando algo y que los pedazos de mi alma se juntan y se separan al mismo tiempo llevándome con tan solo un beso a otro tiempo y otro espacio, no se porqué pero inmediatamente me viene a la mente la playa.

Cuando termina el beso muy a mi pesar, Sergio me abraza y me sonríe se acerca a mi y me dice al oído: -siempre quise hacerlo en el baño de un cine nene, por favor, ¡cúmpleme mi fantasía!-

Y sin más lo tomo de la mano y lo dirijo hacia uno de los últimos cubículos del baño, y el se deja guiar como un niño, cierro la puerta lo empujo levemente y lo hago sentarse en la taza, le abro la bragueta y me pongo en cuclillas, saco su grueso mástil de carne dura y palpitante, huele a hombre y a jabón y eso me vuelve loco.

Comienzo la mamada, despacito, suavemente, sintiendo su gruesísima cabeza traspasar mas allá de mis labios, el roce de sus pelos rebeldes púbicos en mi nariz me hace delirar, ahora tomo sus pantalones y los bajo hasta las rodillas peludas de mi amante, acaricio los huevos y los lamo, los huelo los siento, y Sergio avienta la cabeza para atrás, está en el más puro éxtasis.

Me dice suavemente que no quiere venirse todavía que quiere penetrarme, pero yo no obedezco y continuo frenéticamente con mi deliciosa mamada a su verga, Sergio no resiste más y tratando de impedir que siga con mi tarea, toma mi cabeza con sus manos y trata de apartarla de su verga pero yo me impongo y mamo mas fuerte su pene peludo y de pronto, borbotones de una espesa y cremosa leche de macho, salen disparados contra mi boca, mis labios y mi garganta, yo los bebo goloso, relamiendo mis labios, sintiendo en mi paladar la pastosa y salada consistencia de mi premio.

Sergio reprime un fuerte gemido, se muerde la boca con su puño cerrado, y lo veo convulsionarse masculinamente debido al placentero orgasmo.

Al terminar de tragarme todo su semen hasta la ultima gota, lo beso tiernamente en la boca y el me corresponde tomándome con sus fuertes brazos y haciendo que me siente sobre su dormida verga.

Comienza a dedearme con uno de sus dedos ensalivados, busca mi culo y al abrir un poco mi pantalón lo encuentra, tibio y cerrado al tacto, palpitante y suave.

Sergio no deja de besarme mientras ya son dos los dedos que hábilmente introduce en mi hambriento culo, para ese entonces su verga ya esta de nueva cuenta tiesa como el acero, y babeante y resbalosa por los líquidos pre- seminales que mi maduro amante produce a montones.

Un río de precum recorre en un hilo todo el grueso pene de mi amante, desde la gruesa cabeza hasta el gordo palo, llegando a su vello negro y grueso.

Si decir palabra Sergio empuja suavemente hacia abajo y mi culo es perforado por esa masa gruesa de carne y yo me quejo un poco, me está haciendo algo de daño, un dolor punzante recorre mi ano, y trato de sacarla y Sergio espera paciente a que el dolor pase para intentarlo de nuevo, ahora después de unos momentos estoy listo, y me siento de golpe en toda su verga hasta sentir la calidez de sus peludas pelotas como base de mi caliente asiento.

El vaivén de la cogida empieza lento, pero va creciendo y ganando intensidad y fuerza, se oyen de pronto unos pies entrar al baño, Sergio y yo nos detenemos en seco, con los corazones estallando de nervios, pero sólo es un señor que orina y vuelve a irse, a esta hora casi todos están en la función, tenemos suerte.

El placer que esa peluda verga me da es irremplazable y exquisito, con los ojos casi en blanco comienzo a venirme a chorros sobre el pecho desnudo y peludo de Sergio, él por su parte acelera los movimientos y se viene un poco también dejando mi caliente agujerito lleno de otra pequeña ración de leche masculina.

Nos besamos apasionadamente, y con una sonrisa comenzamos a vestirnos y al salir un poco nerviosos de que alguien haya visto algo, miramos a todos lados y al mirarnos juraría que estamos pensando lo mismo: parece ser que nos gusta coger en lugares públicos.

No fue la última ocasión en que tuvimos relaciones en un lugar público, ese fin de semana me invitó a ir a la ciudad de Monterrey, y en el trayecto del camino a bordo del autobús y ya siendo de mad**gada, le hice otra espectacular mamada en los asientos de hasta atrás, en esta ocasión aprovechando que la poca gente que viajaba con nosotros iba en los asientos delanteros y completamente dormida, Sergio se desnudó por completo reclinó su asiento hacia atrás poniendo sus manos detrás de su nuca y disfrutó intensamente de la mamada que le estaba regalando, yo recorriendo con una de mis manos su peludo abdomen y pecho, y con la otra masajeando y sosteniendo sus peludos y grandes testículos, succionaba velozmente su grueso y peludo palo.

Tan sólo iban como 7 personas a bordo y al ir tan alejadas y completamente dormidas, Sergio dejó escapar un gemido un poco más fuerte anunciando su venida.

-ahhhhhhhh, ¡chiquito mio! Tómate toda la lechita nenito rico, ahhhhh así, sí, que no quede gota chiquitito, mmm pásame la lengua por la cabecita, ¿te gustan mis mecos amor? Lámeme los huevos amorcito, ahí tengo lechita, no desperdicies nada, mmmm ¡sí! Que rico se siente, déjame las bolas peludas bien limpias papi-

Tiempo después me dijo que había sido una de las mamadas más placenteras de toda su vida, y yo le confesé que me estaba volviendo adicto a sus mecos.

Pasé un inolvidable fin de semana en su compañía, nos divertimos, fuimos a bailar, hicimos el amor muchísimas veces y cantamos de la manera mas desentonada juntos en un karaoke de la ciudad en compañía de unos amigos suyos.

Al pasar el tiempo y debido al accidente, decidí quedarme en mi ciudad y continuar y terminar mis estudios, Sergio por su parte se quedó a vivir en su ciudad natal y consiguió otro empleo allá, pero me visitaba religiosamente todos los fines de semana, o a en ocasiones era yo el que lo visitaba, para nosotros el estar separados no era una opción, continuamos juntos y comprometidos.

Pronto pasó el tiempo y me gradué de la carrera de ingeniería, y decidí mudarme a Monterrey para hacer mi vida allá con el amor de mi vida.

La noche de graduación después de convivir con mis familiares y amigos graduados, salimos a un bar cercano y por supuesto mi maduro novio fue con nosotros.

Fue una noche que jamás olvidaré.

Estando instalados en ese bar de ambiente gay, una de las meseras se me acerca de pronto y me dice que un joven sentado en la mesa de atrás quiere conocerme y me manda una nota, yo contrariado se la muestro a Sergio, y éste al leerla ríe divertido, y me dice que porque no voy a decirle que estoy comprometido y voy a casarme, yo le digo –claro eso es lo que voy a hacer…y confundido le pregunto: ¿cómo que voy a casarme?… ¿contigo?- y me contesta: -claro ¿por qué no? Estoy totalmente enamorado de ti, ¿no es lo que quieres?- y-yo si, pero bueno nunca había pensado en eso-

De pronto el joven se levanta de su asiento y camina hacia mí y teniéndolo frente a frente me dice enfrente de todos mis amigos que están sonrientes y a la expectativa.

-Esta canción es para ti- y sacando una guitarra de debajo de nuestra mesa comienza a entonar una romántica canción, yo confundidísimo volteo a ver a Sergio quien tiene una pequeña caja en su mano y al abrirla un finísimo y sobrio anillo de oro sale reluciente.

-¿Quieres casarte conmigo bebé?- yo lo abrazo lleno de felicidad y comprendiendo que todos incluso el joven de la guitarra estaban de acuerdo para llevarme ahí y que Sergio me hiciera la propuesta, le susurro un suave pero firme sí sintiendo el olor de su elegante loción que me vuelve loco.

Los aplausos no se hacen esperar, y una de las meseras anuncia por la bocina que una pareja acaba de comprometerse y nos desea muchas felicidades.

Es como un sueño vuelto realidad, nunca pensé que pasaría.

El día de la boda llega, y nos miramos a los ojos en silencio, sintiendo nervios y alegría mientras nos arreglamos para la ceremonia, y yo recordando los últimos meses preparando el gran evento, me encuentro soñando despierto, haciendo cuentas de como es que todo terminó de esta manera tan feliz, mil cosas pudieron separarnos, desde sus prejuicios, hasta mi pasado, pero nada fue tan fuerte como ese gran cariño que descubrimos que vivía en nosotros.

La ceremonia es sencilla y rápida, no fue tan complicado como lo esperaba, y al mirar a Sergio puedo adivinar, que es pésimo para este tipo de eventos, porque está sudando y muy nervioso, pero cuando todo termina sonríe aliviado y lleno de júbilo.

Mi amigo Gerardo preparó un pequeño discurso, y preparó también una proyección de diapositivas con muchas de nuestras fotos juntos, y al final al proyectar una imagen ampliada del llavero donde aparezco yo siendo un niño con un joven Sergio tomando mis hombros, mi amigo habla de magia, destino y coincidencias hermosas de la vida, dejando boquiabiertos a todos los presentes del lugar.

Nuestros mas cercanos amigos están ahí y algunos familiares que saben de lo nuestro, un DJ, algunos conocidos y por supuesto los infaltables “colados” la fiesta transcurre serena y en armonía, y al quedar solos mi esposo y yo bailamos un dulce y lejano vals que alguien dejó en la pista de el equipo de música.

Mi esposo….nunca creí posible algún día llamar a alguien así, es increíble, una sensación intoxicante, yo que decía que jamás haría esto y ahora estoy casado con un buen hombre que me sabe querer, no cambio este momento por nada del mundo.

*Comencé a trabajar poco después de mi maravillosa luna de miel, y al poco tiempo me encontraba al igual que mi adorado esposo iniciando mi carrera como docente.

El tiempo pasó inexorablemente y diez años después de nuestra ceremonia de compromiso, nuestras vidas son lo que debían ser, la felicidad nunca se fue de nuestra casa, y Sergio y yo nos disfrutábamos igual o más que antes, y en el aspecto sexual, bueno… de vez en cuando nos portábamos traviesos invitando a nuestra alcoba a alguno que otro chico guapo que aceptaba alocarse una noche con nuestros calientes cuerpos.

A mis 30 años la vida me parecía plácida y feliz, un ambiente que había ayudado a construir con mi esposo Sergio el amor de mi vida.

Una tarde después de cenar en un romántico restaurante de esos que tienen terrazas alejadas y privadas, y unas finas luces de cascada decoran y alumbran las ramas secas de un viejo árbol, hacemos sobremesa contándonos chistes y cosas que habían pasado en la semana, Sergio que a sus 45 años lucía impresionantemente sexy y guapo.

-Dime Gabo, ¿eres feliz conmigo? ¿con esto que tenemos? ¿te arrepientes de algo?-después de una larga pausa y mirando sus bellos ojos, que alguna vez no tuvieron esas patas de gallo que tanto me gustan de él le contesto entusiasmado: -Si haber sido un rebelde y obstinado adolescente, me atrajo a ti, y si el ser gay me hizo descubrir este amor tan inexplicable y profundo que siento por ti…entonces si tuviera la oportunidad de hacer algo diferente, no haría nada…lo dejaría exactamente igual, y volvería a cometer los mismos errores, porque se que al final me llevarían a ti.

Una hermosa sonrisa se dibuja en su maduro rostro, y en ese momento pienso que es el hombre mas sexy del mundo.

-¿Y si algo me pasara? ¿volverías a hacer tu vida? Recuerda que soy 15 años mas viejo que tú-

Le tomé de una mano y con la otra la acaricié suavemente y le dije: -no tienes porque preocuparte por eso amor, no quiero pensar en eso ahora-

-Lo sé tan sólo quiero que seas feliz siempre Gabo, no importa que pase, recuerda que la vida es para adelante ¿Ok amor?-

-Ok papi-

Y continuamos la velada deshaciendo toda idea de probabilidades nefastas en nuestro destino, nos teníamos ahora y eso era todo lo que importaba.

Y una tarde de septiembre, al llegar a casa después del trabajo, todo lucía terriblemente normal, la olla del té de Sergio haciendo su característico ruido del agua en ebullición, el reloj del gato félix en la cocina moviendo de un lado a otro sus ojos, el olor a canela y menta de las escaleras, y a lo lejos el sonido constante y adormecedor de la lavadora haciendo su trabajo.

Subí las escaleras cansado, llamando a Sergio y desajustando mi corbata, y al abrir la puerta de la recámara, nada en este mundo pudo haberme preparado para lo que vi.

Sergio estaba boca abajo tirado en la alfombra con los ojos abiertos y un pequeño hilo de sangre escapaba de su cabeza, el tiempo se volvió agonizantemente lento, no podía pensar ni respirar, y por unos segundos mi cerebro no pudo decodificar en sentimientos humanos la escena que se presentaba ante mis ojos.

Un paro cardíaco fulminante fue lo que los doctores forenses me dijeron, no sufrió en absoluto y al caer golpeó su cabeza en el buró de noche y se hizo esa herida.

Sergio nunca quiso un funeral asistido por muchas personas que a final de cuentas no sienten lo que los familiares directos sienten: el sentimiento más atroz de pérdida que puede alguien experimentar en la vida.

Así que no realicé ningún funeral que Sergio no hubiera querido y en lugar de eso hubo una breve reunión en mi casa con las cenizas presentes de mi amado.

No pude derramar ni una lágrima, el amor que siempre sentí por él lo demostré a cada segundo de mi existencia y estaba contento y satisfecho con los años felices que la vida había decidido darnos, nunca me enojé o golpeé la pared, él se había ido tranquilo y estaba seguro que tan lleno del mismo amor inagotable que yo le profesaba.

Pero un día, guardando sus ropas y recuerdos en un viejo baúl, caí de rodillas por primera vez en semanas llorando lastimosamente su partida, todo fue tan repentino que me tomó por sorpresa y recordé al abrazar una almohada que todavía olía a él que muchas personas presienten su muerte y ahora estaba seguro que mi amado esposo, así lo sentía aquella noche en que cenamos en ese bello restaurante.

Todo estaba decidido así desde un principio, me dije a mi mismo al recordar momentos felices con él, las personas pueden ir y venir de tu vida sin dejar huella, pero otros salvan tu existencia de muchas maneras y siempre, siempre estarán contigo.

Pasaba el tiempo, y de repente al ir caminando serio y meditabundo hacia la casa que había compartido tantos años con él, y que ahora ya me lastimaba regresar, sentí una extraña presencia y un fuerte olor de la misma loción que Sergio usaba, me giré volteando la cabeza en la dirección en que ese aroma provenía y al no ver a nadie, sonreí en secreto, estaba seguro que mi nene seguía por ahí, cuidándome.

5 años después de tu partida, mirando fijamente el atardecer en el mar, en algún lugar diferente del que me vio nacer, y muy lejos de aquel lugar donde compartimos diez años de nuestra vida, por fin siento que ya no puedo llevarte tanto conmigo, mi alma ahora es llenada con un sentimiento de libertad mi amor, aunque sé muy bien que nunca podrás irte del todo.

Te dejo ir….por ahora, porque estoy seguro que algún día volveré a ver tu sonrisa….cuento con eso.

Y ahora escribiendo un anuncio para encontrar a alguien con quien después de muchos años de duelo pueda compartir un sentimiento parecido al que compartí contigo, no encuentro otras palabras para empezar, más que aquellas que te unieron definitivamente a mi vida:

Profesor atractivo de 35 años busca…

“Did you write the book of love
And do you have faith in God above
If the Bible tells you so?
Can music save your mortal soul?
And can you teach me how to dance real slow?

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