MI NOVIA FRÍGIDA

MI NOVIA FRÍGIDA
Hola a todos, me llamo Fernando, Nando para los amigos. Soy un chico joven, de 28 años, alto, moreno, ojos oscuros, según dicen mis amigas, un latino de buen ver. Y tengo una novia hermosa, se llama Diana, pero la conocemos por Meli.
Es bastante más joven que yo, 21 años, también es de pelo, ojos y tez morena, delgadita, pero con hermosos pechos y atractivo culito, en resumen, una preciosa gata salvaje.
Pero no todo puede ser perfecto en la vida. A pesar de su lindo aspecto, de su alegría de vivir, de su dinamismo y vitalidad, es frígida…bueno lo era.

Llevamos dos años de relación, y sólo hasta ahora no fui capaz de dar con la clave para hacerme dueño de su cuerpo.
La conocí en el instituto. Ella terminaba ya sus estudios y a mí me habían contratado para sustituir a un profesor enfermo.
Nada más entrar a la clase, entre todos los ojos, entre todas las miradas, la mía se fue directa a la suya. Es muy hermosa.
La clase fue perturbadora para mí. A la novedad de enfrentarme por primera vez a ese grupo, se unió la irresistible atracción que Meli ejercía sobre mi ser.
Al terminar la clase busqué una excusa para hablar con ella, ventajas de ser profesor. De aquella charla, surgió otra, luego una cita, luego una cena y finalmente una mutua declaración de amor.

Hasta aquí todo bien. En las sucesivas citas la confianza fue creciendo, y el contacto carnal también. De las caricias en las manos, pasamos a los besos, y el primer día que cenamos en mi casa nuestras manos comenzaron a explorar el cuerpo del otro.
Pero hasta ahí. Yo había llegado a acariciar sus hermosos pechos, pero siempre bajos sus blusas, nunca lleva brasier.
Ella había acariciado mi pecho, pero nunca sobrepasaba ese límite.
Cuando yo pretendía ir más allá, ella cortaba tajante.
Yo la amo y la respetaba. Me tenía que conformar con sus besos y esas caricias en sus pechos que nunca surtían ningún efecto estimulador en ella. Sus pezones se mantenían retraídos e indiferentes, y como digo, en cuanto mis manos los abandonaba para explorar bajo su pantalón…se acababa la velada.
Yo me quedaba triste, y con un calentón de mil demonios, que me obligaba, en cuanto ella marchaba, a entrar en mi web favorita –xhamster.com-, a ver videos lo más guarros posibles y masturbarme frenéticamente.

Un día pensé que quizás esos vídeos me ayudaran a romper ese hielo que presidía nuestros contactos sexuales, si es que se les podía llamar así.
Así que como por descuido, un día al poner la tele, después de un rato de charla y un par de cervezas, puse uno de esos vídeos.
Lo había seleccionado intencionadamente, una mujer y un hombre, morenos, jóvenes, parecidos a nosotros mismos, nos daban una lección de cómo gozar al máximo de nuestros cuerpos.
El recorría con su boca el espectacular cuerpo de la joven, acabando con una comida de vulva que era replicada por una excitante mamada de polla, enorme, que le hacía la chica.
Luego él introducía esa gigantesca polla en el coño dilatado y húmedo de la joven, hasta llenarlo de un abundante semen que rebosaba por las últimas embestidas del muchacho.
Meli no dijo nada, vio impertérrita y en silencio el vídeo, vídeo que me produjo una monumental empalmada claramente apreciable en mis pantalones.
Cuando terminó Meli miró mi entrepierna, miró mi cara, y me dijo: Nandu me tengo que marchar, mañana mad**go.

Y allí me quedé yo, triste, deprimido más bien, obligado una vez más a cascarme una buena paja, con un video mucho más guarro que el anterior. El protagonista era el mismo chico, pero esta vez se follaba a una tetuda y culona madura de 55 años, con un chocho enorme que hacía que la gigantesca polla pareciera mucho más pequeña.
Después de esto llegué al convencimiento de que Meli era frígida, o al menos lo era conmigo.
Al día siguiente su comportamiento fue más frío de lo normal, parecía que lo del video no había sido buena idea.

En la página que antes cité, además de videos y fotos, la gente sube relatos. Había uno que me había llamado la atención por su calidad literaria, y como profesor de lengua que soy, decidí imprimirlo para analizarlo.
Meli vino a casa como tantas otras veces, y tras los saludos de rigor, un poco más fríos como dije, se sentó en la sala, esperando que yo terminase de preparar la cena.
Por descuido mío el relato impreso se había quedado allí. Cuando entré en la sala ella lo tenía en la mano.

Al verme entrar me miró. Sus mejillas estaban sonrosadas, ¿ira?. Dejó el texto en la mesa, se levantó, me quitó la bandeja en la que traía la cena con brusquedad tal que casi derrama todo, y se colgó de mi cuello para darme el beso más intenso que jamás nadie me dio.
Directamente se arrodilló ante mí, desabrochó mi pantalón y bajándolo junto con mi calzón, descubrió mi polla para metérsela en su voluptuosa boca.
En ese momento casi me desvanecí. Me apoyé contra la pared, con la sangre abandonando mi cerebro para ir rápida a rellenar mi verga, que pronto adquirió su tamaño de combate, llenando su boca hasta producirle arcadas.
Ella comenzó a quitarse su ropa, dejando por fin a la vista sus hermosos pechos. Me empujó sobre el sofá, y con ellos comenzó a masajear mi ardiente polla y alternativamente a ofrecer sus pezones a mi boca.
Por primera vez veía a esos pezones erectos, puntiagudos, rodeados de una aureola llena de pequeños bultitos producto de su excitación, como si toda ella quisiera salir a través de la piel de su pecho.
Nos terminamos de desnudar. Por fin su cuerpo vibrante se mostraba frente a mí. Me arrastró al dormitorio cogiéndome la verga, y nuevamente me tiró, esta vez sobre la cama.
Se puso de pié sobre mí, con las piernas abiertas. Veía su maravilloso chochito, con un líquido brillante en sus bordes. Más arriba sus pechos turgentes, con sus erectos pezones, y arriba del todo su hermosa cara con una perversa sonrisa.
Poco a poco dobló sus piernas, acercando su vagina a mi pene que vertical la esperaba.
Lo agarró con su mano justo cuando la punta rozaba su vulva. Allí se detuvo durante unos instantes, mirándome maliciosa, para finalmente introducírselo muy lentamente.
Su lubricación era tal, y mi polla estaba tan llena de líquido preseminal, que fue como clavar un afilado cuchillo en mantequilla.
A partir de que mi polla se clavó en el fondo de sus entrañas, comenzó un brutal sube y baja que nos soy capaz de decir cuánto duró, pero que nos llevó a los dos a un orgasmo brutal, un orgasmo doble que llenó las sábanas de jugos y semen.
Ahí los dos caímos sin fuerzas cuerpo contra cuerpo, untados por todas partes de nuestros fluidos.
Cuando desperté ella se había ido. Entonces me dí cuenta que lo que había pasado era más o menos lo que el relato narraba de la pareja de protagonistas. Pero lo que es más importante, me dí cuenta de que había descubierto la fórmula para romper la frigidez de Meli.
A partir de entonces todo cambió. Yo escribo relatos, que dejo en el salón, para que ella los lea y los escenifiquemos. Ella entra en internet y se dedica a pedir relatos a desconocidos, con el mismo objetivo.
Hasta ahora todos los relatos son de parejas. Hemos hecho cosas inimaginables, guiados por esos relatos de desconocidos y los míos propios. Por supuesto no sólo su boca y su chocho han disfrutado de mi polla, sino también su culo, su hermoso culo. Incluso el mío ha sido víctima de su lengua y sus dedos.
Ahora me entran miedos, ¿Qué pasará el día en el que uno u otro traiga un relato en el que intervenga alguien más que la pareja?.
Ya les contaré.

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