Nuevo trío con Nami y Robin.

Nuevo trío con Nami y Robin.
Mis ojos no podían creer lo que veían. A través de la puerta, a escondidas, podía ver como Nami estaba echada sobre la cama, totalmente abierta de piernas y frotándose el coño con un enorme dildo. Estaba ya totalmente desnuda. Sus grandes pechos eran preciosos, y sus pezones estaban ya duros, parece que ardía en ganas de comenzar a gozar. Tenía su largo pelo suelto y totalmente extendido sobre la cama y sus ojos estaban cerrados. Su brazo izquierdo lo tenía hacia arriba, por encima de su cabeza, echado sobre la cama, totalmente relajado. Con su mano derecha balanceaba el dildo suavemente hacia arriba y hacia abajo sobre su dulce coñito. Parece que había llegado a tiempo de ver a Nami comenzar a masturbarse. Sabía que si me pillaba me caería una buena, pero no podía dejar de observar aquella preciosa escena. Ella seguía moviendo el dildo por encima de su coño, golpeándolo de vez en cuando con suavidad. No pude evitar que mi polla se pusiera dura al instante al imaginarme hanciéndole eso. Fue mi reacción al pensar en como sería poder sentir en mi miembro su pelirrojo coño aún cerradito. De vez en cuando lanzaba un suave suspiro y con su mano izquierda se agarró uno de sus pechos, apretándolo ligeramente. Dios, quien pudiera hundir las manos en esas enormes y esponjosas tetas, simplemente no podía dejar de mirar. Nami separó más aún sus muslos y, por fin, comenzó a meterse el dildo. Sólo metía la punta, era demasiado grande y parece que quería empezar poco a poco. Un dulce “ahh…” surgió de sus labios, al tiempo que doblaba sus rodillas un poco más. Metía y sacaba depacio pero sin parar la punta de su juguete y su coño cada vez estaba más por la labor de alojarlo en su interior. Parece que poco a poco se abría con más facilidad y comenzaba a poder meter más parte de aquel juguetito. Cuanto más entraba más separaba Nami sus piernas, con el fin de abrir su coñito lo más posible. Colocó sus pies sobre la cama, con las piernas flexionadas, en una escena de placer. Cada vez suspiraba más fuerte y a veces podían escucharse pequeños gemidos saliendo de su boca. Continuó metiéndose el dildo, cada vez a mayor velocidad, y parece que ya entraba casi en su totalidad. Pude ver como brillaba ligeramente, seguramente estaba totalmente empapado de los jugos del chocho de Nami. De pronto, se lo sacó y comenzó a deslizarlo despacio por su vientre hasta llegar a sus pechos. Sin dudarlo un momento, colocó el juguete entre sus tetas y apretó éstas con sus manos. Era tan largo que, aun estando entre sus enormes tetas, sobresalía por arriba y le llegaba casi hasta la boca. Comenzó a moverlo arriba y abajo con una mano, mientras con la otra agarraba sus tetas, sin dejar que el dildo se saliera de aquel maravilloso lugar. Se deslizaba perfectamente gracias a lo mojado que estaba ya e incluso podía escucharse los sonidos de sus jugos entre sus tetas. Nami abrió ligeramente sus ojos, y al ver que la punta del dildo llegaba casi hasta sus labios, no lo dudó un instante. Inclinó un poco su cabeza, sacando su lengua, y comenzó a dar lametazos. En sus ojos podía verse una expresión de placer intenso, incluso se la veía un poco sonrojada. Sus ojos duraron poco tiempo abiertos, puesto que enseguida dejó de dar lametones y comenzó a chupar. Rodeó con sus labios la punta de su querido juguetito y cerró totalmente los ojos. Nami masturbando sus bonitos pechos con un enorme dildo y lamiendo sus propios jugos de él, es una escena que jamás se irá de mi mente, es simplemente inolvidable. Sacó el dildo de entre sus dulces pechos, los cuales ahora brillaban bien mojaditos, y lo usó para darles unos cuantos azotes. El botar de aquellas tetas al recibir los golpes me la puso demasiado dura al instante. Nami dejó reposar por un momento su amado juguete sobre la cama, sin soltarlo, y con su otra mano jugó un poquito con uno de sus pezones. Estaban tan duros que nadie podría dudar de lo excitada que estaba en aquel momento. Hacía movimientos circulares con sus dedos índice y pulgar, rodeando su pezón, y a veces lo apretaba suavemente. Acercó la otra mano y la colocó sobre su cuerpo. Comenzó a subirla lentamente hasta llegar a situarla entre sus tetas. Lanzó un leve suspiro y finalmente se relajó. Dejó caer ambas manos sobre la cama y se quedó así unos segundos. Jadeaba ligeramente, lo que hacía subir y bajar su pecho, balanceando sus tetas. De pronto, se levantó, poniéndose de rodillas sobre la cama y volvió a coger su preciado dildo. Lo colocó en la pared, dejándolo adherido a ella en posición horizontal y a la altura de su boca. Era tan evidente lo que iba a ocurrir a continuación que mi corazón se aceleró y quise seguir espiándola. Ella acercó la boca al enorme juguete y, cerrando los ojos, comenzó a rodearlo con sus humedos labios. Era tan grande y grueso que le costaba meterlo dentro de su boca. Tenía la punta dentro ya, y empezó a mover la cabeza hacia la pared, metiendo lentamente más el dildo dentro de su boca. Arqueó sus cejas en una expresión de dificultad pero a la vez no dejaba de metérselo más y más. Pude escuchar varios sonidos de arcadas, el dildo tenía que haber llegado ya hasta el fondo de su boca. Aun así, ella seguía intentando metérselo más y más, no podía parar. Como era tan largo, aún quedaba parte del juguete fuera de su boca y parecía querer comérselo entero, aunque no le entrara. Al ver que no podía meterlo del todo, cejó en su empeño, y empezó a alejar su cabeza de la pared lentamente. El juguetito iba saliendo despacito del interior de su boca, estaba totalmente empapado. Al terminar de salir, Nami tosió varias veces y respiró aliviada. Sin embargo, no parecía haber aprendido la lección, porque inmediatamente volvió a rodear el dildo con sus labios y, más rápido que la vez anterior, se lo empezó a meter dentro. De nuevo, llegó al límite, empezó a tener arcadas, pero no parecía importarle. Mantuvo sus labios a esa altura del dildo, sin meterlo ni sacarlo más, y deslizó una de sus manos hacia su cabeza. La colocó en la parte trasera de ésta y empezó a empujar hacia la pared. No podía creer lo que veía, aún teniendo esa gigante polla rellando toda su boca y sintiéndola en su garganta, continuaba empujando su propia cabeza, obligándose a metérse aquel enorme juguete de silicona más y más dentro.
En ese momento, no pude contenerme más y entré a la habitación. Nami no se había dado cuenta de mi presencia, demasiado trabajo tenía ya. Me acerqué sigilosamente hacia ella. Agarré con mi mano derecha su cabeza, colocándola encima de la suya. Nami abrió sus ojos de par en par, sorprendida. Vi como dirigió su mirada hacia mi y se quedó mirándome. Con aquello metido hasta la garganta, no pudo articular palabra, pero su mirada denotaba la vergüenza de haber sido pillada. Era consciente de que estaba totalmente desnuda y excitada, con un dildo gigante metido hasta su garganta y auto obligándose a chupar. Puesto que parecía gustarle tanto chupar aquella polla de silicona, yo también empecé a empujar su cabeza hacia ella. Sin embargo, no pude evitar las ganas de verla chupar, no simplemente ahogarse con ella, asi que puse mi otra mano sobre su barbilla y comencé a mover su cabeza adelante y atrás. El sonido de la silicona empapada en sus labios me gustaba demasiado. Ella no dejaba de mirarme mientras chupaba y chupaba, tenía su mirada clavada en la mía. Estaba totalente avergonzada pero parecía gustarle. Aun teniendo mis dos manos haciendo que su boca se comiera aquella polla, podía notar como ella continuaba empujando también. Podía escuchar como intentaba decirme algo, pero con aquello tan enorme dentro de su boca, sólo se oían sonidos, no podía entenderse nada. Aquello me excitó, por lo que deslizé su cabeza hacia delante y volví a dejar el dildo metido hasta su garganta. Nami cerró los ojos, con una expresión de dificultad. Mantuve su cabeza en esa posición durante unos segundos, y después la deslicé hacia atrás, dejando que el dildo saliera totalmente de su boca. Tras toser unas cuantas veces, Nami se recuperó, y rápidamente se giró, apoyándose en la pared. Puso una mano sobre su coño y otra sobre sus pechos, en un momento de vergüenza.
Sus ojos estaban llorosos debido al esfuerzo de comerse la enorme polla de juguete, y no dejaba de mirarme mientras jadeaba de rodillas en la cama.

-Es gracioso que intentes cubrir estas tetas tan grandes con una sola mano, Nami (dije sonriendo).

Ella me miró con ojos desafiantes pero sonrojándose al mismo tiempo. Quería parecer enfadada por haberla pillado pero no lo conseguía. Yo no podía dejar de mirar ese precioso cuerpo. Esa piel tan blanquita, ese pelo largo pelirrojo y despeinado, ese intento por esconder con una sola mano esos perfectos pechos, era preciosa. Me acerqué lentamente a ella, subiéndome a la cama, hasta tener mis ojos a unos centímetros de los suyos.

-Sabes… podría mantener en secreto el haberte pillado masturbándote con algo tan grande y después chupándolo hasta ahogarte, pero… creo que necesito unas buenas razones para hacerlo (le dije sin dejar de mirarla fijamente).

Inmediatamente ella desvió la mirada, bajándola avergonzada, y deslizó la mano que cubría sus pechos hasta ponerla sobre la cama, dejando sus preciosas tetas a la vista. Acerqué mi cara más aún a la suya y, acariciando suavemente una de sus mejillas sonrojadas, junté mis labios con los suyos. Ella, lejos de resistirse, cerró los ojos y continuó con sus labios el movimiento de los míos, fundiéndonos en un apasionado beso que no parecía tener fin. Al momento noté como su traviesa lengua buscaba la mía dentro de mi boca. Cuando por fin la encontró, no dejó de jugar con ella ni un solo momento, mientras nuestros labios no se separaban y nuestras bocas se movían al unísono. Sin dejar de acariciar su mejilla, deslicé mi otra mano lentamente por su cintura, subiendo hasta llegar a sus pechos. Entonces, abrí mi mano para abarcar entero uno de ellos y, una vez mis dedos lo rodearon completamente, comencé a cerrar mi mano apretándolo suavemente. Era increíble sentir su suave piel en mi mano mientras notaba como mis dedos se hundían en su esponjoso pecho, sin dejar de sentir su aún duro pezón en la palma de mi mano. Comencé a mover su pecho arriba y abajo despacio mientras disfrutaba de su maravilloso tacto. Nami extendió sus brazos y me sujetó la cabeza sin dejar de besarme ni por un segundo. Era muy dulce acariciar su mejilla mientras la besaba, pero decidí dejar de hacerlo por un momento para llevar mi mano hacia el pecho con el que aún no estaba jugando. Rodeé su pezón con mis dedos y empecé a jugar con el, pellizcándolo con suavidad, empujando ligeramente para hundir un poco la punta de mis dedos en su pecho. Sus tetas eran tan suaves y blanditas que parecía estar en el cielo. Separé lentamente mis labios de los de Nami, los dos abrimos los ojos despacio y nos miramos durante unos instantes. Había sido un largo y dulce beso. Sin embargo, no alejé demasiado mi boca de su cara, y empecé a besar lentamente su barbilla. Continué bajando por su cuello despacito, sin dejar un solo milímetro de su piel sin besar. Ella levantó ligeramente la cabeza para facilitarme el trabajo. Mis manos aún seguían acariciando y jugando con sus pechos, cuanto más los sentía en mis manos, más los quería para mi. Su piel era tan suave que no podía parar de besarla, sólo paraba de besar su cuerpo para lamerlo. Cuanto más se acercaba mi boca a sus pechos más ganas me daban de besárselos. Estaba tan concentrado que apenas me di cuenta, pero mis labios ya habían llegado a su destino y estaban entre sus suaves tetas. Saqué la lengua y le di un profundo y lento lametón de abajo a arriba mientras con mis manos apretaba sus tetas contra mi cabeza. Era como estar entre dos almohadas de placer. Ella lanzó un leve gemido mientras colocaba sus manos sobre las mías con el fin de hundir más mi cara entre sus pechos. A continuación, despegué mis manos de sus fantásticas tetas y empecé a subirlas por su cuerpo, acariciándo todo cuanto encontraba a mi paso. Cuando llegaron a su cuello, Nami, de nuevo, levantó su cabeza. Agarró una de mis manos llevándosela hacia la boca y comenzó a lamer suavemente mis dedos, uno a uno. Mientras tanto, yo besaba y besaba sus pechos. De vez en cuando, los rodeaba con mis labios atrapándolos en mi boca, los levantaba un poco y los soltaba, haciéndolos botar. El bamboleo hipnótico sólo me daba más ganas de seguir jugando con ellos. Nami continuaba metiéndose en la boca uno a uno mis dedos y los lamía lentamente. Sólo paraba unos instantes para lanzar pequeños gemidos cuando mi boca se topaba con sus pezones y comenzaba a darles pequeños mordisquitos. Mientras Nami se entretenía con una de mis manos, llevé la otra hacía abajo, hasta uno de sus muslos. Nada más hacerle unas pequeñas caricias, la pierna de Nami empezó a moverse hacia un lado, dejando a la vista su coño. Desplacé la mano por el interior de su muslo, haciéndola cosquillas con mis dedos hasta llegar a su coñito. Comencé a acariciar con dos de mis dedos alrededor de los labios de su dulce coño.

-…Venga… por favor… (Dijo ella entre leves jadeos).

Parecía estar ansiosa por sentir algo dentro de ella. Pronto pude notar como mis dedos estaban mojados. Sí, efectivamente estaba deseosa de sentir placer en su húmedo chocho. Estaba deseando complacerla y escucharla gemir de placer, asi que no lo dudé ni un instante y metí poco a poco dos dedos. Lo tenía tan mojado y abierto que entraron muy fácimente. Viendo que dos dedos no parecía ser nada para una mujer como Nami, estiré otros dos de mis dedos, metiéndoselos dentro. Ya podía notar como las paredes de su coño rodeaban mi mano, pero aún le entraban cuatro dedos perfectamente. Deslicé mi mano un poco más hacia dentro y entonces ella lanzó un gemido al aire. En ese momento, decidí dejar descansar sus dulces pechos y me incorporé un poco hasta poner mi cara frente a la suya, quería escuchar de cerca sus gemidos y ver las caritas que ponía mientras mi mano entera la masturbaba. Comencé a meter y sacar mi mano de su pelirrojo coñito, me encantaban los sonidos que hacía debido a que tanto ella como mi mano estaban chorreando. Nami se mordía el labio inferior y de vez en cuando abría la boca para lanzar gemidos. Tenía sus ojos cerrados todo el rato y sólo los abría levemente a veces, dejando ver sus ojos totalmente en blanco. A medida que aumentaba la velocidad de entrada y salida de mi mano, Nami separaba más y más sus piernas. Los músculos de éstas estaban totalmente tensos y de vez en cuando su espalda se arqueaba. Cada vez salían más gémidos de sus labios y a mayor volúmen. Yo no podía parar, me gustaba demasiado verla gozar y eso me llevaba a aumentar la velocidad de masturbación. Acariciaba su despeinado pelo mientras veía sus caritas de placer. De repente, escuché algo en la puerta.

-Hola chicos (DIjo Robin con una sonrisa de par en par).

Nami y yo, totalmente sorprendidos, paramos de golpe todo lo que estábamos haciendo. Mierda, estaba tan hipnotizado viendo el cuerpo de Nami gozar que había olvidado cerrar la puerta cuando entré a jugar con ella. Los dos nos quedamos mirando a Robin sin saber que hacer o que decir. Robin llevaba puesto el vestido azul que tanto le gusta. Y para que voy a mentir, a mi también me gusta mucho, me encanta esa faldita tan corta que deja ver sus preciosas y largas piernas.

-¿Cu… cuánto tiempo llevas ahí, Robin? (DIjo Nami totalmente roja)
-Llevo un rato viendoos desde la puerta (Contestó Robin). Estábais tan apasionados que ni os dísteis cuenta, que monos, fufufu (comenzó a reír levemente).

Sin decir más, Robin se acercó a un cajón y sacó un arnés. Se dio la vuelta, dándonos la espalda y se subió el arnés hasta la cintura, dejando ver su hermoso culo. No llevaba bragas, posiblemente se las había quitado mientras nos espiaba, quien sabe si planeando sorprendernos o para tocarse mirándonos. Luego se fue hacia el dildo, que aún estaba pegado en la pared, lo cogió y se lo enganchó en el arnés. Cuando se disponía a desnudarse la interrumpí.

-¡Espera, Robin! …no… no te quites nada, me pones mucho con ese vestidito tan corto y sexy.

Ella sonrió dulcemente y no se quitó nada. Subió con nosotros a la cama y se puso de rodillas. Entonces, Nami intervino.

-Pero… Robin, ¿para qué quieres el dild…

Robin no la dejó terminar la frase. Le dio a Nami un pollazo con el dildo en la cara. Cuando Nami iba a hablar de nuevo, simplemente no pudo. Robin agarró su cabeza bruscamente, metiéndo el dildo en su boca, haciéndola caer a la cama a cuatro patas. Menuda escena, Robin obligando a Nami a comerle la enorme polla de silicona a cuatro patas. Se me puso durísima al instante. Entonces, quise unirme. Me puse detrás de Nami y coloqué ambas manos en su culazo, azotándolo con un golpe seco. Ella lanzó un gemido con ciertas dificultades, dado que tenía la boca llena. Estaba deseando sentir su coño mojado alrededor de mi polla, asi que sin más preámbulos me decidí a hacerlo. Me coloqué en posición y se la metí de un movimiento fuerte, a la vez que empujé su culo con ambas manos hacia mi. Entró de golpe hasta el fondo, su coño estaba demasiado abierto y hambriento. El movimiento brusco hizo que el cuerpo de Nami se moviera hacia delante, entrando así el dildo más aún dentro de su boca. Esto parece que excitó a Robin, porque en cuanto lo vio, comenzó a mover su cadera hacia la pelirroja viciosa más fuerte y a moverle la cabeza hacia la polla de silicona. De la boca de Nami salían tanto gemidos como sonidos de su garganta. De nuevo, estaba siendo obligada a chupar algo que apenas le cabía en la boca. Los pechos de Robin botaban al son de sus movimientos de cadera y poco faltaba para que se le salieran del vestido. Ella me miró y al instante entedí lo que quería decirme. Estaba dispuesta a que entre los dos provocáramos a Nami un gran orgasmo. Por supuesto, yo estaba de acuerdo con aquella idea. Solté su culo y puse mis manos en sus muslos. Los agarré con fuerza y levanté sus piernas de golpe, dejando su cuerpo sólo sostenido por sus manos. Mi polla estaba ya muy dura dentro de Nami, asi que comencé a hacer movimientos de empuje hacia delante y a tirar de su cuerpo hacia mi, sólo pensaba en hacer que gimiera de auténtico placer con cada embestida. Ella parecía estar encantada de ser follada en esa postura, pues notaba como su chocho absorbia fuertemente mi polla. Su culo botaba con cada embestida. Estaba deseando azotarlo pero no podía, tenía las manos ocupadas manteniendo a Nami en el aire. Entonces Robin, que parecía ver mis intenciones en mi mirada, soltó una mano de la cabeza de Nami, alargó el brazo y le propinó varios azotes a las nalgas de la pelirroja, que botaron si cabe más aún. El sonido que hacía su culazo con cada azote era mágico, hacía que se me pusiera más y más dura. De repente, Robin sacó el dildo de la boca de Nami de golpe, lo cual hizo que ésta soltara un suspiro de alivio. Robin se bajó de la cama y nos miró a los dos, como invitándonos a hacer lo mismo.
Inmediatamente la saque del coñito empapado de Nami y su cuerpo cayó exhausto sobre la cama. Ambos bajamos de la cama aún jadeando y nos acercamos a Robin, que nos estaba esperando. Cuando Nami estuvo a su lado, le dio la vuelta, haciendo que su culito quedara en dirección a su gran dildo. Rapidamente, Robin puso sus manos en las nalgas de Nami, separándolas y de inmediato comenzó a meterle el juguetito por detrás.

-Fufufu… veo que el culito aún no lo tienes muy abierto, Nami san (Dijo Robin). Esto tenemos que arreglarlo.

Robin se agachó, poniéndose en cuclillas, con su cabeza a la altura del cerrado culo de Nami. De nuevo, separó sus nalgas con ambas manos y se dispuso a atacar. Saco su lengua y empezó a dar suaves lametones en el ano aún cerradito. No desaprovechaba oportunidades de agarrar bien sus nalgas y dale unos buenos azotes. Robin sabe bien como azotar, el sonido que hacía el contacto de las palmas de sus manos con el trasero de Nami era simplemente fantástico, incluso comenzaba a ponerse un poquito rojo, pero la pelirroja no se quejaba. Yo me acerqué sigilosamente a Robin, colocándome detrás de ella. Bajé mis manos hasta alcanzar sus hombros y desplacé los tirantes de su vestido hacia los lados hasta hacerlos caer. Esto provocó que el vestidito cayera ligeramente, dejando ver sus hermosos pechos. No pareció importarle, puesto que ni se inmutó, siguió lamiento el delicioso agujerito que tenía delante. Robin, deslizó su mano derecha por debajo del culo de Nami, entre sus muslos, hasta llegar a la parte delantera y alcanzar su dulce coño. Puso su dedo corazón entre los labios empapados y comenzó a mover la mano adelante y atrás. Nami no dejaba de jadear y lanzar pequeños gemidos. Parecía encantarle sentir placer en sus dos agujeritos. De pronto, lanzó un fuerte gemido. Robin acababa de meter la lengua dentro de su culito por sorpresa. Ahora tenía su cara entre las nalgas y no dejaba de lamerle el interior de su ano. Aquel gemido había vuelto a ponérmela dura y aproveché para colocarla sobre la cabeza de Robin. Era fantástico sentir su suave pelo en mi polla. Di un paso hacia delante para ponerme totalmente encima de ella y así poder sentirlo tambien en mis huevos. Dios, era realmente genial. Puse mis manos sobre su melena y mis pulgares sobre mi polla y comencé a moverme adelante y atrás. Jamás había probado aquello pero era muy placentero. A ella parece que le gustaba, o al menos no le m*****aba, sólo siguió haciéndole el trabajito a Nami, la cual parecía estar gozando bastante. Cada vez tenía el ano más abierto, la lengua que tenía en su interior le proporcionaba un gran placer. Paré de masturbarme con el pelo de Robin por un momento, sólo para bajar mis manos, coger su larga melena y subirla hasta ponerla sobre su cabeza, encima de mi polla. Ahora la tenía completamente tapada por su suave pelo, era mucho mejor que antes. Empecé de nuevo a moverla sobre su cabeza, sujetando su melena con ambas manos. Cada vez la tenía más dura y ya comenzaba a palpitarme. Nami cada vez estaba con las piernas más separadas, no podía aguantar el placer que sentía al tener la lengua de Robin dentro de su ano y su coñito siendo masturbado frenéticamente. Ahora sí, sentí que iba a correrme. Me empecé a masturbar mucho más rápido, intentando aguantar lo más posible para soltar la mayor cantidad posible, dos mujeres como ellas no se conforman con cualquier cosa. Ahora ya si que no podía más. Apreté el pelo de Robin contra mi polla palpitante y exploté llenando su melena morena de color blanco. Pero no era todo, aún tenía más. Aparté un momento la cabeza de Robin hacia un lado y coloqué mi polla sobre la parte baja de la espalda de Nami. Solté el gran chorro final sobre su cuerpo, lo que hizo que girara su cabeza hacia mi y me mirara sonrojada, creo que no se lo esperaba. Por si aún quedaba algo, me giré hacia Robin, que todavía estaba agachada, y me la sacudí sobre sus enormes tetas, azotándolas con fuerza. Efectivamente, conseguí sacar unas gotas más, las cuales cayerón sobre su suave piel. Los pechos de Robin cubiertos de mi amor eran preciosos. Tenía la polla manchada, ya que al apretar su melena para correrme sobre ella, se me acabó manchando. La metí entre sus pechos un momento, los agarre con fuerza moviéndolos arriba y abajo varias veces y la saqué totalmente limpia. No puedo decir lo mismo de sus tetas, ahora estaban más cubiertas de blanco. Ella se incorporó sonriéndome.

-Fufufu… nunca se habían masturbado con mi pelo, ¿te gustó?
-Ha sido fantástico, tienes un pelo muy suave, Robin.
-Fufufu… pero no lo tengo todo… ¡SUAVE!

Justo cuando Robin pronunció la palabra “suave” le metió la gran polla de silicona a Nami por el culo, aprovechando que estaba distraída. Su cuerpo cayó hacia delante, teniendo que sujetarse con ambas manos sobre la cama. El gemido de sorpresa que lanzó al aire fue gracioso y excitante. Se incorporó inmediatamente, pero gran parte del dildo ya estaba dentro de su culo.

-Ahora que lo tienes bien abierto… es el momento del orgasmo (Le dijo Robin al oído)

DIcho esto, comenzó a empujar más hacia su culo, quería metérselo entero. Ya empezaba a costar meterlo tan profundo y Nami abrió sus ojos de par en par. Por sus expresiones parecía que le doliera, pero en cuanto vi que llevó ambas manos hacia atrás, poniéndolas sobre el culazo de Robin y la ayudó a empujar, supe que lo quería más y más profundo. Era muy sexy ver las manos de Nami bajo la faldita de Robin, hundiendo con fuerza sus dedos en las nalgas, se notaba que estaba muy cachonda. Esta escena le devolvió el vigor a mi polla, ahora necesitaba más placer de nuevo. Me puse frente a Nami y, sujetándomela con las manos, se la restregué por el coñito. Aún lo tenía demasiado mojado, esta chica es insaciable. Rapidamente, soltó una de sus manos del culo de Robin, me la agarró con fuerza y se la metió ella misma dentro. Viendo lo deseosa de sexo que estaba, no lo dudé un momento. Acabé de meterla mientras ponía mis manos en su cintura. Sus expresiones faciales eran exageradas, pero creo que eran porque cada vez tenía el dildo más dentro de su culo. Robin no dejaba de metérselo más y más ni un solo segundo. De pronto, un fuerte gemido brotó de sus labios de Nami y sus ojos se abrieron aún más.

-Fufufu… ahora si que lo tienes todo dentro, ¿lo notas, Nami san?
-M… más… más… (Nami sólo alcanzaba a decir eso, aunque ya no había más que meter)

Robin y yo nos acercamos más a ella, pegando nuestros cuerpos al suyo. Era realmente genial tener los esponjosos pechos de Nami aplastados contra mi pecho. Sus pezones casi me taladraban, estaban como una piedra. Las caras de los tres estaban casi pegadas, estaban sólo a unos centimetros de distancia. Robin comenzó a follar el culito de Nami con su gran juguete mientras yo embestía con fuerza contra su coño. Mi cuerpo chocando contra su chocho chorreante hacía un sonido muy sensual. Los ojos de Nami estaban en blanco, ya casi no podía ni gemir, estaba simplemente en el mundo del placer, gozando como nunca. Robin colocó la barbilla sobre uno de sus hombros, situándo su carita aún más cerca de la mía. No dejaba de mirarme fijamente a los ojos con una sonrisa. Era evidente que estaba disfrutando mucho viendo como hacíamos gozar a Nami los dos. No pude resistirme a esa mirada de sonrisa malvada y acerqué mi boca a la suya. Era complicado besarse con los movimientos tan fuertes de embestida que estábamos los dos dándole a Nami, pero no podíamos resistirnos más. Fue un precioso beso, con la boca de Nami a pocos centímetros de nuestros oídos, gimiendo sin parar. Abrí los ojos cuando aún continuaba besándo dulcemente a Robin, y ella también lo hizo. Ver esos preciosos ojos azules justo delante de los mios, sintiendo sus labios junto con los míos era increíble. Y no nos olvidemos de la guarrita de Nami de fondo, claro.

-No… puedo… más … (Alcanzó a decir Nami).

La insaciable Nami san estaba por fin agotada. Robin saco lentamente el gran dildo de su culo y yo saque mi polla, que aún tenía ganas de juerga. Nami apenas podía mantenerse en pie, le temblaban las piernas. Robin la ayudó a tumbarse en la cama y allí se quedó descansando con los ojos cerrados, jadeando y soltando algún sonidito por sus labios. Yo iba a sentarme en la cama a su lado, pero antes de que pudiera hacer nada, Robin me empujó e hizo que cayera en un pequeño colchón que había en el suelo. Rápidamente, sin dejar que me levantara ni que dijera nada, se abalanzó sobre mi, metiéndose mi polla entera en su boca. Fue todo tan rápido y… además sentir su cálida boca alrededor de mi miembro tan de sorpresa, que no pude evitar soltar un pequeño “¡ahh!”. Robin cerro sus ojos y comenzó a subir y bajar su cabeza, masturbándome con sus suaves labios. Dios, la chupaba genial, no sabía que fuera tan experta, normalmente es más calmada y dulce. Yo estaba sentado en aquel pequeño colchón y ella estaba a cuatro patas, con el culo en pompa y comiéndomela sin parar, parecía bastante ansiosa. Se podían escuchar pequeños ruiditos que hacía sin sacársela un solo momento de la boca, eso me ponía bastante. Sin abrir los ojos, a tientas, buscó con sus manos el arnés con el dildo, que aún no llevaba puesto. Cuando lo encontró, no se quitó el arnés, pero si que desenganchó la enorme polla de silicona. Acto seguido, la colocó en posición vertical justo debajo de su coño. Sin perder un segundo y sin soltar mi polla, dobló las rodillas hacia delante y bajó su cuerpo hasta conseguir que el dildo entrara por su coñito. Empezó a cabalgar aquel enorme y grueso juguete sexual lo más rápido que podía. El bamboleo provocaba que su boca se moviera más rápido y más torpemente, pero en realidad me daba mas placer así. Nami, sobre la cama, estaba ya más recuperada. Nos estaba observando mientras se acariciaba todo el cuerpo con ambas manos, parecía gustarle mirar. De pronto, el dildo se despegó del suelo y salió del interior de Robin. No había sido provocado por la velocidad de movimiento de ese dulce coñito, era porque había chorreado tanto que el suelo estaba todo resbaladizo. Al no poder seguir follándoselo, Robin decidió metérselo por el culo, sentándose en el suelo para que no se le saliera, y continuó comiéndomela sin descanso. Sus pechos se balanceaban adelante y atrás con tal fuerza que casi llegaban a golpear mi polla. Era realmente placentero sentir los labios de Robin apretando con fuerza mientras se movían arriba y abajo rápidamente. Si en ese momento hubiera soltado todo dentro de su boca habría sido feliz. Notaba su juguetona lengua lamiéndo cada milímetro de mi dura polla. De vez en cuando la dejaba quieta sobre la punta, lo cual me volvía loco. De pronto, paró de chupar y se la sacó de la boca con un pequeño jadeo.

-Fufufu… ahora verás (Dijo sonriendo).

Echó su larga melena hacia delante. Aún la tenía algo blanquita de antes, pero seleccionó sólo la parte que estaba limpia y la enrolló alrededor de mi polla, cubriéndola por completo. De nuevo, era realmente suave y placentero sentir su pelo en contacto con mi miembro. A continuación, me la agarró con su mano derecha, me miro fijamente a los ojos, y entonces supe lo que iba a pasar. Estaba en lo correcto, comenzó a mover arriba y abajo su mano lo más rápido que podía, masturbándome con su pelo a una velocidad de vértigo, sin dejar de mirarme fijamente a los ojos.

-Dios… Ro… bin… eres increíble… (apenas podía articular palabra del placer que sentía en ese momento).
-Chicos… yo también quiero (Dijo Nami, que se había puesto de pie).

Robin cesó en su movimiento de masturbación y giró su cabeza para mirarla. Volvió a girarla y me dedicó una sonrisa malvada. ¿Qué estaba planeando ahora?

-Túmbate boca arriba (Me dijo mientras señalaba el suelo).

Obedecí. Me levanté del colchoncito y me tumbe boca arriba sobre el suelo. Robin vino andando hacia mi y se situó justo encima de mi cabeza. Podía ver, desde abajo, sus preciosas y largas piernas, las cuales acababan en su coñito, sin mencionar que aún tenía puesta la faldita del vestido que tanto me pone. Unas gotas cayeron sobre mi cara. Provenían de su chocho.

-Eh, Robin, ten cuidado, que vas goteando (Le dije bromeando).
-Ah, ¿sí? lo siento, espera que te limpio (Respondió).

Acto seguido flexionó sus piernas, bajando todo su cuerpo. Su empapado chocho aterrizó justo en mi cara. Comenzó a restregármelo por toda la cara sin parar, mojándomela toda con sus jugos. Era un olor realmente excitante. Levanté mis brazos hasta agarrar la parte superior de sus muslos con ambas manos, y empujé su cuerpo hacia abajo. Saqué le lengua, colocándola en horizontal y dirigí su coño hasta ella. Ahora mi lengua estaba abarcando todo su dulce coñito. Escuché como de su boca salían gemidos de placer, parecía estar deseando sentir una lengua en movimiento justo ahí. Nami comenzó a tener envidia. Vino hacia nosotros y se paró justo encima de mi polla, ahora bastante dura y en vertical. Al igual que Robin hace un momento, se sentó de golpe sobre mi miembro, el cual se deslizó fácilmente hasta dentro. Parece que su coñito aún seguía bastante húmedo y con ganas de sexo duro. Puso ambas manos sobre sus rodillas y empezó a subir y bajar su sensual cuerpo. Lo hacía con bastante fuerza, se escuchaba cada vez que su cuerpo bajaba, embistiendo contra el mío. Como es habitual en ella, enseguida comenzó a gemir. Tenía su lengua fuera, jadeante y con una sonrisa de placer incontrolable. La carita de Robin era muy dulce, sus expresiones de gozo al sentir mi lengua lamiendo todo su coñito eran realmente preciosas. Sus gemidos no eran para menos, con esa voz tan bonita que tiene, no podía dejar de escucharlos, eran realmente eróticos. Nami alargó sus brazos hasta ponerlos sobre los hombros de Robin, acercando sus cuerpos el uno al otro. Robin acercó su boca a la de Nami y comenzó a chupar la lengua jadeante que tenía fuera de su boca. Tras ello, ambas juntaron sus labios suavemente fundiéndose en un impresionante beso con lengua. Era precioso ver aquel apasionado beso mientras las dos hacían pequeños soniditos de gozo. Entonces, me decidí a hacer que sintieran un mayor placer. Empecé a embestir contra el coñito de Nami con mi polla, moviendo mi cuerpo hacia arriba con fuerza. Por otra parte, separé los labios del coño de Robin con mi lengua y acto seguido se la metí dentro. El interior de su chocho estaba muy dulce, húmedo y cálido, realmente delicioso, me era imposible dejar de lamer y lamer. Nami cabalgaba muy bien, se nota que es una experta en el sexo. Su precioso pelo pelirrojo caía despeinado por su espalda y sus pechos, los cuales no dejaban de botar. Robin parece que se dio cuenta, y llevó sus manos hasta ellos. Los agarró firmemente, soltándolos a veces y azotándolos para hacerlos botar con más fuerza. A Nami le gustó la idea e hizo lo mismo con los pechos de Robin. Ambas continuaban con sus labios unidos, besándose haciendo soniditos de placer, con los ojitos cerrados. En cuanto a mi, deslicé mis manos hasta el culazo de Robin, el cual estaba sobre mi cara. Agarré con fuerza sus nalgas y las separé para abrir más todavía su coñito. Me encantaba como se había sentado sobre mi cara, obligándome a comérselo todo y llenándomela totalmente con sus jugos. Nami separó su carita lentamente de la de Robin, las dos se miraron fijamente a los ojos mientras cesaban su lindo beso.

-Ya viene (Le susurro Nami a Robin al oído).

Efectivamente, estaba en lo cierto. Se refería a mi polla, que estaba palpitando fuertemente dentro de ella, a punto de explotar. Nami, con una sonrisa malvada, me dio unas cuantas cabalgadas más, con más fuerza y rapidamente se puso de pie. Robin hizo lo mismo y ambas se sentaron en el suelo, una al lado de la otra, con la espalda apoyada sobre la cama. Yo sabía perfectamente lo que querían en ese preciso momento. Me incorporé y me dirigí hacia ellas. Con la polla a punto de explotar, me seguí masturbando con una mano, apuntando hacia sus caras. Ellas dos abrieron las bocas de par en par, sacando sus lenguas, preparándolas para lo que venía. En vez de cerrar los ojos, clavaron sus miradas en mi. Eso me excitó mucho, justo el empujón que necesitaba en ese momento. Me masturbé a más velocidad y por fin parece que iba a soltarlo todo. Las dos pegaron sus mejillas, peleando por ser la primera en recibir aquella oleada de amor en su cara. Juntaron también sus lenguas, colocando la punta de una encima de la otra. Estaba dispuesto a llenarlas totalmente de blanco. Puse la punta de mi palpitante polla descansando sobre sus esponjosas y húmedas lenguas y sucedió. Varios chorros salieron y cayeron sobre sus lenguas y en el interior de sus bocas. Rápidamente me la agarré con mi mano derecha, alzándola ligeramente para que los siguiente chorros fueran a parar a sus dulces caritas. Y así fue, sus caras y ojos acabaron también totalmente llenos de amor.

Ese fue sin duda, un día perfecto.

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