Sexo anal con un perfecto extraño

Sexo anal con un perfecto extraño
Desde que éramos novios, a Víctor siempre le había gustado mi cola; me decía que se volvía loco mirando el balanceo de mis caderas cuando me veía alejarme.
Le gustaba cogerme mientras yo estaba en cuatro; pero al principio del noviazgo no se atrevía a pedirme que le entregara mi culo…
Una tarde me llamó a mi casa para invitarme a salir. Iríamos a cenar y a bailar. Me pidió que me vistiera muy sexy.
Por la tarde salí con mi amiga Helena para que me acompañara a comprar algo sexy. Terminé eligiendo un vestido negro bastante breve, que me quedaba bien ajustado al cuerpo.
También me compré una tanga negra tipo hilo dental y seleccioné un par de sandalias de taco alto de mi colección de zapatos. Helena me vio así vestida y me dijo que, si ella fuera hombre, seguramente me cogería ahí mismo, sin siquiera desvestirme…
A la hora de la cena pasó a buscarme Víctor y se quedó con la boca abierta al verme así vestida. Me acarició la cola y las tetas; se animó a colar un dedo debajo del vestido y se asombró de encontrar esa tanga tan diminuta, ya empapada, por supuesto…
Sus caricias me pusieron muy caliente; pero Víctor no quería apartase de su plan original, que consistía en ir a cenar afuera…
Mientras estábamos sentados a la mesa en el restaurante, Víctor no me quitaba la mirada de encima; me decía que más tarde iba a ponerme en cuatro y me cogería hasta que yo pidiera perdón por todos mis pecados…
Yo le decía que esa noche estaba con ganas de que me rompiera el culo con su linda pija dura y gruesa.
Después del plato principal me levanté para dirigirme al baño. Cuando estaba por entrar, sentí que me aferraban por la muñeca.
Era el hombre maduro que estaba sentado en la mesa más cercana a la nuestra, en compañía de su esposa. Sin darme tiempo a nada, se abalanzó sobre mi cuerpo y su otra mano se deslizó bajo mi vestido, encontrando mi tanga humedecida.
Entonces me arrastró al baño de hombres. Yo no pude reaccionar; estaba con una mezcla de miedo y éxtasis increíble; por ello no pude ofrecer ninguna resistencia.
Me empujó dentro de una de las cabinas y comenzó a besarme el cuello, mientras sus manos recorrían todo mi cuerpo. Yo no aguantaba más mi propia calentura, así que me agaché frente a él.
Sacó su verga, bastante gruesa y comencé a chuparla con ganas.
El hombre me levantó y me hizo bajar la parte superior del vestido. Me acarició las tetas desnudas y me lamió los pezones hasta dejármelos endurecidos y a punto de explotar.
De repente me hizo girar y me ordenó que le mostrara mi culo. Levanté mi vestido muy despacio, moviendo mis manos sensualmente y comencé a balancear mis caderas frente a él.
El tipo se masajeó la verga, mientras me corría a un lado el hilo dental. Sentí que me hundía un dedo lubricado con saliva en mi ano bien estrecho.
No aguanté más y giré para decirle que me rompiera el culo…
Se inclinó y pasó su lengua por toda mi raja caliente. Me lubricó bien mi estrecha entrada anal y luego apoyó la punta de su verga.
Comenzó a penetrarme despacio. Realmente me dolía; porque yo estaba muy estrecha y su verga era demasiado gruesa.
Me susurró al oído si quería más. Gemí, sintiendo ese ardor que me provocaba y le pedí que me la metiera bien a fondo.
Entonces empujó hasta que entró toda entera y comenzó a bombearme a un buen ritmo. Yo estaba que volaba de mi propia calentura.
En un momento pude escuchar la voz de Víctor conversando con alguien, allí adentro del baño. Eso me puso a mil; pero tuve que morderme los labios para contener los gemidos…
El hijo de puta en mi culo se dio cuenta y comenzó a bombearme más fuerte. Abrió la puerta de la cabina y me obligó a mirar afuera. Allí estaba mi novio, lavándose las manos y peinándose.
Esa situación me excitó todavía peor y en ese momento sentí que un tremendo orgasmo comenzaba a recorrer mi cuerpo. Alcancé a cerrar la puerta justo cuando Víctor giraba la cabeza…
El tipo me susurró que podía acabar si yo quería; allí enfrente de mi novio, con una verga ajena enterrada a fondo en mi culo…
Y así fue; me mordí los labios para evitar un tremendo aullido de perra y en ese momento el tipo se quedó quieto aferrándome por la cintura. Entonces sentí que me llenaba el ano con semen caliente.
Después ambos nos acomodamos la ropa y salimos del baño.
Víctor me vio agitada y transpirando al regresar a la mesa. Me preguntó si me encontraba bien y si quería volver a mi casa. Le mentí, diciendo que me encontraba un poco mareada.
Cuando nos levantamos, el tipo que estaba sentado otra vez junto a su esposa me sonrió con disimulo.
Durante el trayecto a mi casa podía sentir la leche deslizándose fuera de mi ahora dilatado ano. Era algo incómodo, pero al mismo tiempo excitante.
Esperaba que a Víctor se le hubiesen pasado las ganas de coger. Seguramente iba a notar la dilatación de mi ano y el semen ajeno.
Por suerte fue así; pude convencerlo de que no me sentía bien y entonces nos despedimos en la puerta de mi casa.
Mientras veía alejarse su auto, todavía podía sentir el semen de ese desconocido deslizándose por mis muslos…

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