Siempre es mejor dos vergas que una sola

Siempre es mejor dos vergas que una sola
Esa noche me había quedado con ganas de acabar, pues mi adorado esposo se encontraba bastante estresado a causa de su pesado trabajo, muy rutinario y por ello últimamente, no podía cumplir demasiado bien conmigo en la cama.
Yo estaba ultra caliente; al punto de masturbarme bajo la ducha esperando que Víctor llegara de su oficina, con ganas de cogerme…
Llegado el momento, me hizo acostar boca arriba, separó mis muslos con delicadeza y luego me penetró con su tremenda verga endurecida.
Pero acabó demasiado rápido. En menos de dos minutos de puro bombeo veloz y violento, su verga se hinchó dentro de mi concha y descargó una abundante cantidad de semen tibio.
Víctor gimió de placer, pero también de aburrimiento y enseguida se salió de mi concha. Su verga continuaba bien dura y chorreaba su semen…
Murmuró una disculpa, porque sabía que yo no había quedado satisfecha con ese polvo. Luego se dio vuelta en la cama y en menos de cinco minutos comenzó a roncar profundamente.
A mí no me quedaban ganas ni siquiera para encerrarme en el baño para relajarme con una buena paja a base de juguetes; así que me quedé allí boca arriba, mirando el techo en la penumbra y sintiendo el semen de mi esposo deslizándose fuera de mi caliente vagina…
Un rato después pude ver que se encendían las luces del departamento ubicado enfrente, cruzando la calle.
Allí vivían dos estudiantes del interior; que en alguna ocasión me habían sacado las ganas y la calentura, durante las ausencias de mi esposo.
Decidí que podía hacer un llamado para ver lo que sucedía.
Después de verificar bien que mi maridito no estaba simulando esos horrendos ronquidos, fui a la cocina y llamé desde allí.
Enseguida atendió Nicolás, contento de oìr mi voz después de tanto tiempo de no vernos; ni siquiera por cruzarnos en la calle.

Le expliqué mi problema y el muy turro estalló en carcajadas, diciendo “para qué están los amigos…”
Nicolás me confesó entonces que recién llegaba a su casa después de cogerse a una compañera de la facultad; pero me aseguró que yo no quedaría decepcionada a pesar de su cansancio.
Yo no estaba de humor como para vestirme sexy y además cruzar la calle a esa hora; así que le ofrecí al pibe que viniera a mi casa; podríamos quedarnos en el sofá del comedor, lejos de los ronquidos de mi adorado esposo… Iba a dejarle la puerta de mi departamento abierta.
Evidentemente yo también estaba muy cansada, porque me desmayé de sueño por un buen rato. Cuando me desperté, estaba recostada en el sofá. Todavía llevaba la tanga manchada por el semen de Víctor y una camiseta liviana que siempre usaba en la cama.
Unas risas lejanas sonaron en mis oídos. Un poco mareada, me dirigí a la cocina, de donde provenían unas voces desconocidas…
Apenas me asomé, encontré que mi esposo estaba amordazado y atado a una silla. Dos flacos desconocidos estaban allí, tomando cerveza…
Me vieron llegar y me dijeron que eran amigos de Nicolás. Mi vecino finalmente había caído rendido por el cansancio de estudiar para un par de finales y el par de polvos que se había echado con su compañera para festejar el éxito de esos exámenes…
Les pregunté qué hacían en mi casa y por qué tenían a mi esposo atado en esa silla. Entonces sonrieron, diciendo que habían venido a cogerme en lugar de Nicolás y no querían que Víctor los interrumpiera cuando estuvieran entretenidos en la mejor parte…
Mi mente se despejó por un instante, comprendiendo que no quería dejar que esos dos mocosos desconocidos me cogieran… y menos delante de mi esposo atado de pies y manos, observando todo…
Intenté correr, pero Lucas, uno de esos pibes, fue más rápido y me tomó desde atrás, inmovilizándome y trayéndome de regreso a la cocina.
Quise gritar por auxilio, pero Matías, el otro pibe, me tapó la boca…
Me dijeron que me relajara; ya que dos vergas eran mejor que una sola.
Matías se acercó y me quitó la camiseta por encima de mis hombros. Silbó al ver mis tetas al aire y comenzó a acariciarlas, haciendo que mis pezones se endurecieran en un instante.
Lucas soltó mis brazos y se agachó detrás de mi cuerpo; para bajar mi tanga hasta mis tobillos. Acarició mis cachetes; los separó un poco y un dedo muy osado se hundió entre mis labios vaginales desde atrás…
Matías susurró a mi oído que me iba a comer entera. Su amigo murmuró suavemente, que iba a cogerme por todos mis orificios…
Entonces pude ver a mi esposo debatiéndose, pero sin lograr zafar de sus ataduras. Tenía una cara de verdadera desesperación…
El dedo de Lucas dejó la humedad de mi concha y comenzó a hurgar mi estrecha entrada anal. Me hizo gemir al sentir que entraba bien adentro.
Matías se inclinó sobre mis tetas, lamió mis pezones endurecidos y después hundió un par de dedos en mi concha, que ya estaba dilatada y empapada gracias al accionar de su amigo.
Lucas dijo que él sería el primero. Me arrastró a mi propia cama y allí me empujó para dejarme boca arriba. Se desnudó en un abrir y cerrar de ojos. Luego, sin ninguna delicadeza, me metió su verga entre mis labios vaginales y empujó a fondo, provocándome un agudo alarido de dolor.
El pibe comenzó a bombearme la concha casi con furia y yo sentí que iba a partirme al medio con esa verga bastante gruesa y dura. Pronto comencé a sentir placer en mi concha y entonces me abandoné a los instintos de ese chico; para que me hiciera lo que él quisiera.
Tenían razón; dos vergas eran mejores que una sola y ésta, la primera, se sentía realmente increíble. Era bastante gruesa; más que la de mi esposo y este chico realmente la sabía usar.
Me bombeo salvajemente durante un largo rato y me robó un par de orgasmos bien gritados a todo pulmón. Mi esposo no estaba allí para verme, pero podía oírme aullar como una loca desde la cocina…
Mi segundo orgasmo excitó bastante a Lucas, que enseguida se arqueó y acabó dentro de mi vagina caliente. Me dejó una abundante cantidad de semen hirviente en el fondo de mi vagina.
Apenas se salió de mi cuerpo, su amigo ocupó su lugar.
Matías me sonrió, mientras yo abría mis muslos para recibir su verga; pero él dijo entonces que no la metería en mi vagina, que había quedado repleta con la leche de su colega.
Bajé la vista y le dije que ni loca iba a dejar que me metiera esa pija enorme en mi culo. Era más gruesa todavía que la de Lucas…
Pero Matías sonrió y me tomó por los tobillos; haciéndome girar en el aire. Caí boca abajo en la cama y el pibe me colocó un par de almohadones bajo mi estómago. Dijo que así yo estaría en una posición más cómoda y podría sentir su verga más adentro de mi ano…
Intenté debatirme suplicando que no me la metiera por atrás; pero entonces Lucas se acercó y tomó con firmeza mis muñecas, empujándome hacia el colchón.
Matías se ubicó entre mis piernas abiertas, advirtiéndome que a él le encantaba romper el culo a las mujeres sin nada de lubricación. En seco.
Le grité que estaba loco y me hizo callar con un par de cachetadas en mi cara. Empujó mi cabeza contra el colchón y enseguida sentí que su gruesa pija intentaba abrirse paso en mi estrecho ano. En seco…
Aullé de dolor, pero el turro insistió una y otra vez, hasta lograr que la cabeza de esa chota enorme traspasara mi pobre esfínter anal.
Volvió a sacarla y a meterla; hasta que por fin mis músculos cedieron y le permitieron comenzar a bombearme el culo sin piedad.
Me dio realmente duro, mientras ahogaba mis alaridos de dolor empujando mi cara contra la cama. Su verga entró y salió de mi castigado culo a su voluntad. Yo gritaba y él gemía con placer.
Lucas liberó mis muñecas y una de sus manos se deslizó debajo de mi vientre. Sus dedos pronto encontraron mi clítoris y entonces el dolor en mi culo empezó a ceder, mientras me sentía estimulada en mi concha.
Mientras su amigo me rompía el culo de manera desenfrenada, Lucas consiguió provocarme un buen orgasmo con sus hábiles dedos. Le demostré mi agradecimiento aullando de placer, mientras su socio seguía taladrándome el orto sin piedad.
Por fin Matías comenzó a disminuir sus salvajes embates y, de pronto, casi sin esperarlo, sentí su semen caliente explotando en mi pobre ano.
Se salió con un gesto triunfante y el muy turro comentó que él sabía que a mí me había gustado mucho su verga taladrándome el culo.
Lo insulté a gritos y le pedí a Lucas que se lo llevara de mi casa.
Pero Lucas me dijo que ahora era su turno para disfrutar mi trasero…
Cerré los ojos y comencé a sollozar, pero entonces sus brazos me envolvieron y me susurró al oído que era una broma.
Los dos pibes se vistieron más rápido de lo que se habían desnudado; me dieron un tremendo beso de lengua cada uno y desaparecieron sin decir nada más…
Un minuto después llamó Nicolás, para preguntarme si me había gustado el regalito que me había enviado. Lo insulté, diciéndole que jamás iba a volver a llamarlo. Pero yo sabía que eso no era cierto…
Recordé que mi adorado esposo seguía maniatado en la cocina y entonces corrí a verlo. Lo desaté como pude y Víctor se levantó de un salto. Me dirigió una mirada cargada de furia y no dijo nada. Se fue directo a la cama.
Pero la erección inocultable debajo de sus shorts, me indicó que a él también le había gustado todo lo que había podido escuchar…

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